lunes, 31 de octubre de 2022

INDOMITA, TEXTO DE MARÍA LUCILA QUARLERI Y PUESTA EN ESCENA DE CINTIA MIRAGLIA

 

La sinopsis entregada al público y a la prensa revela dos niveles: Un nivel informativo: “Una mujer vuelve al pueblo donde nación, desde que se sube al colectivo el pasado la acecha y un recuerdo imborrable se hace presente. La espera, el campo, el frío y una misión que cumplir”. Y un plano poético: “La humedad de la noche y una continuidad de copas. El día se va con el viento. A veces soy esa que está anocheciendo. Otra repleta de humedad y mocos me revuelco en el naufragio (…) Desmadrada, lloré sola dije sin ton ni son: La llanura me excede y me excita. Ya no hay ni cerdas, ni vacas, ni conejos. Ceibos, sauces y fuego. Le corto su lengua repleta de mentiras, galopan mis yeguas internas. Le relincho a la chica ese que me soñó.  Me truena el alma”.

Estos dos planos se corresponden con el texto de la autora María Lucila Quarleri en la que su personaje protagónico se  niega aceptar pasivamente la realidad negativa, doma un destino signado por el patriarcado y se niega a dejar cuentas pendientes.

El espectáculo pone en evidencia la importancia de la conexión interdisciplinaria  de las distintas artes para la comprensión  del hecho teatral .Y el tratamiento del espacio, diseñado por  la  escenógrafa Maricel  Aguirre y el iluminador  Matías Noval opera de manera central. Un cuadrado que cita el campo con la presencia de la yegua y un árbol, y al mismo tiempo un ring en el que en lugar de cuerdas hay alambres de púas. Los objetos expanden su significado primero: el nombre de la yegua coincide con el de la protagonista, una de las ramas del árbol puede convertirse en arma. Un árbol sin hojas, el caballo de madera y la fusta funcionan como ejes estructurantes

 La actriz Maia Lancioni propone una interpretación de la protagonista que equilibra autocontrol y espontaneidad, su comportamiento gestual acentúa lo dicho y, por momentos, se adelanta a lo por decir. Intérprete de un complejo personaje, con su cuerpo cubierto por un vestuario que cita lo masculino y lo bélico se expresa a través del movimiento, el rostro y la mirada al tiempo que su voz narra a través de una extensa gama de matices. Como performer, revela una profundización obstinada de lo propio, de la propia elección voluntaria, en una autoconexión (texto) que se corresponde en un estilo código  personal (actriz). Su cuerpo organiza las imágenes lingüísticas y estas, a su vez que generan y potencian los desplazamientos marcados por una  coreografía  perfecta  que permiten un  deslizamiento del adentro  al afuera.

La directora Cintia Miraglia propone una puesta  centrada en la revalorización del cuerpo  de la intérprete (invaluable el  aporte de la coreógrafa  Camila  Pina) ; apuesta  a un protagonismo del sonido en sus categorías de ritmo, tiempo e intensidad (diseño sonoro, música y  canciones en vivo, Catalina Telerman), una iluminación diseñada  por  Matías  Lancioni que conduce y subraya la narración y los puntos centrales del conflicto interior de la protagonista[1], y un vestuario donde no sólo el diseño y el color  narran, sino también la textura del material (creado  por el  Grupo Indómita)

Desde el 2020 el tema de la violencia de género ha ocupado nuestros escenarios. Selecciono sólo algunos ejemplos que pueden conectarse con la obra en la que ahora nos focalizamos.

SUEÑO  PROFUNDO[2] (dramaturgia de  Daniela Lozano) ofrece en su  Capítulo 2 el siguiente texto: “No podemos quedarnos contemplando las heridas para siempre. Debemos pasar a la acción no por venganza personal sino por amplia justicia. ¿Qué le parece, le gustaría participar de mi causa? Necesito una colaboradora permanente, alguien en quien confiar, a quien contar mis secretos”. En el 2021, el  PROYECTO PRISMA (propuesta de la dramaturga suiza  Julie  Gilbert), relacionaba Ficción Performance y Sociedad para analizar el “cruce de la  problemática de género, el teatro y la  literatura”. ENTRE PAREDES Y ESPEJOS (obra de Gracia  Morales para plataformas virtuales dirigida por  Carlos Ianni) propone un  análisis del pensamiento  feminista de  Virginia  Woolf.  

A principios del 2022, se difunden otros espectáculos como ELLA AMASA, de  Judit Gutiérrez, aborda de modo directo la violencia de género, el maltrato machista y el papel masivo de diferentes instituciones. LA MUJER DEL VESTIDO VERDE, de Jorgelina  Aruzzi,  una protagonista que habla  para no apagarse y que ,según su autora “encuentra en la palabra su salvación y el pulso vital que la aferra a la existencia”. EVA FURIOSA, de Sol Bonelli, propone otra versión de la historia bíblica  y  en una especie de  “transgresión apocalíptica” cuestiona los mandatos consolidados por la sociedad a través de la historia. JUANAS DE FUEGO, de Mariana Morales en las que dos Juanas de diferentes épocas y culturas coinciden en luchar por sus creencias a pesar de las amenazas de muerte o acusaciones de locura.

LAS   JUANAS, UNA HEREJÍA CÓSMICA, de  Agustina  Toia en la que conviven mujeres rebeldes e indomables a pesar de marginaciones, acusaciones y condenas, como Juana  Manso,  Juana la Loca,  Juana de  Arco, Juana  Azurduy, La Papisa  Juana, Giovanna  Marturano,  Juana de  Ibarbourou y  Sor  Juana Inés de la  Cruz.

A todas estas propuestas reivindicatorias se le suma INDÓMITA, pero con un  plus que la convierte en original y única. Contiene una carga poética que moviliza no sólo intelectual sino emocionalmente, y en este punto hay que  subrayar  la voz y  exquisita sensibilidad de la cantante  que, como un alter ego acompaña a la protagonista en su itinerario de  venganza/justicia/reivindicación. También  es especial la conexión que la actriz logra con el público, al que convierte en receptor de sus confidencias, pero también al que con su mirada desafiante y acusadora  convierte en cómplice silencioso de la injusticia. La sociedad que mira, ve, entiende, pero calla.

 




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AÑO VI, n° 259

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[1] “La iluminación marca con su presencia también la tormenta que se está gestando en ese cuerpo todo terreno” (Mariángeles  Sanz, “La vuelta al pago, INDÓMITA, de María Lucila Quarleri”, en lunateatral2.wordpress.com/2022/10/10.

[2] Obra trasmitida por streaming en el  2021, fue seleccionada en  2020 por el  INT en el  Concurso de  Actividades  Performáticas para  Entornos  Virtuales e invitada   ofrecer  funciones en el teatro  Lagrada de  Madrid en  2022 y a participar en el  Festival  Internacional de Teatro en Palma de  Mallorca 

lunes, 24 de octubre de 2022

ENCUENTRO DE POETAS, UNA CEREMONIA DE AMOR.

 

Como “una ceremonia de amor” definió Vicente Zito Lema el espectáculo dirigido por Ana Yovino, estrenado en el teatro “Mil80” generado sobre textos de Jacobo Fijman y del citado Zito Lema; el subtítulo/epígrafe elegido “¿Qué hiciste con el amor mientras el otro sufría?”, que corresponde a este último, orienta la mirada del espectador desde el comienzo. Con dramaturgia de Alejandro Spangaro y de la citada directora, el espectáculo trata del amor y la condición humana, el dolor y la muerte, la fuerza de las creencias y la fragilidad de la esperanza; con personajes, por momentos fantasmáticos, que vuelven a instalar aquellas preguntas que planteara en 1987 Wim  Wenders en su film  “Las alas del deseo”: cuándo empezó el tiempo y adónde acaba el espacio.

Ana Yovino revela  datos claves de su puesta en escena en el programa de mano:

“Una caja de cartón desechada en la basura, oficia de espacio sagrado donde la poesía de Fijman brilla en las sombras, a pesar y a través de su marginación. Buscamos en el potencial infinito de ese metro y medio. Una caja mágica donde habita todo lo que pudimos encontrar al escuchar os versos de Fijman, la búsqueda conmovedora de Zito Lema plasmada en sus relatos y poemas. Fijman recluido desplegando sus dibujos, música, máscaras y poesía, rompiendo “todas las tejas de los pesebres humanos”.

Ana, entre sus muchos trabajos como actriz, es la inolvidable Ester (EL SEÑOR  BERGMAN Y DIOS, de  Marcelo  Bertuccio[1]) y la potente y original Antígona, en la versión de  Watanabe; domina tanto los  pequeños espacios escénicos expandiendo todos los límites, y  los grandes,  siendo capaz de capturar la mirada del espectador sobre su desempeño actoral.

Sagaz lectora de textos poéticos (excelente su visión sobre el mundo lorquiano)[2] en este caso, subraya los elementos axiales de los textos fuente y descubre lo no dicho. Como coordinadora de talleres que abordan la “Poesía Acción”, se focaliza en la investigación de las obras clásicas y los poemas en situación dramáticaEn esta oportunidad, conecta la poesía de dos figuras del siglo XX, Vicente Zito  Lema (Buenos  Aires, 1939) y  Jacobo  Fijman ( Moldavia, 1898-Bs. As., 1970). En una entrevista de  Carlos Pacheco revela tres puntos centrales de su  técnica y su estética: a) “Tenemos todas las capas humanas y elegimos que ponemos en juego y que no”; b) Apostamos  a intensificar el “gusto por el decir poético”, y c) Apuntamos a  “promover un verdadero encuentro con la poesía”[3]. Por ello, en este espectáculo incorpora la música  y la  plástica de ese violinista callejero que en el  Hospicio dibujaba  “sobre cualquier papel, servilleta y cartones” (“Mi poesía es toda medida, de una manera que la acerca a lo musical”[4]) como camino  para  revelar la intimidad, pero también la  proyección al presente de quien fuera abandonado, ignorado, marginado y torturado por sus contemporáneos.

El primero había publicado en 2012  DIÁLOGOS[5] libro en cuya introducción  veía en el diálogo  “una de las más antiguas  formas literarias, su fin es unir la verdad con la belleza tras un vínculo dialéctico”, y su proceso creativo  seguía la secuencia pensar, escuchar, dialogar. Esto explica su conexión con Jacobo Fijman a quien acompañó en su último tiempo; su búsqueda y su encuentro con quien comparte el reconocimiento de la complejidad que supone la escritura en paralelo con el acto de vivir, y la importancia que le otorga a la imagen como factor creativo. Reconoce en el apasionado converso su humor y su bondad, su inocencia su valentía por transitar por el camino más alto y desierto. Vicente Zito Lema y Jacobo Fijman están conectados no sólo por la poesía sino por el ansia común de buscar libertad individual, verdad y belleza, por su rebelde “excentricidad” que los lleva a rechazar la obligación de seguir comportamientos establecidos por sus respectivos entornos.

Italo Calvino sostenía que “el arte de escribir historia está en saber sacar de lo poco que se comprendido de la vida todo lo demás”, y que “la página tiene su bondad sólo cuando la vuelves y está detrás la vida que empuja y descompone todas las hojas del libro”[6].  La dramaturgia de Alejandro Spangaro y Ana Yovino dan prueba de ello, al tiempo que Gerardo Morel, Julia Conlazzo y Brian Andrés Pombinho Soares (El Anunciado, La Novia y Fijman Violinista, respectivamente) transmiten con su cuerpo las complejas emociones e ideas que propone el texto con sutileza   y libres de toda simplificación.

Spangaro supera el desafío de representar a Zito Lema, y a Fijman, en sus “multiplicidades” y propone una escenografía (en colaboración con Giselle Bosio) que, como cita de las mansiones de los escenarios medievales, permite celebrar en este caso una “misa de desechos” con un nivel superior ocupado por El Anunciado y La Novia y un inferior (al mismo tiempo tierra e invierno) habitado por Fijman. Allí la caja de cartón que lo revela y lo oculta, lo libera y lo encarcela tiene impresas frases y palabras: con claridad puede leerse “Frágil”, símbolo de del poeta, y, entre muchas otras, “paisaje/horizonte” símbolo de su producción poética.

Las máscaras, diseñadas y construidas por Giselle Bosio, permiten que afloren las capas que recubren y al tiempo descubren diferentes matices del poeta interpelado; subraya así el doble sentido de “prosopon”: el “delante de la cara” del antiguo griego, y el de “persona”, de la teología patrística. La música original y el diseño sonoro de Gerardo Morel, el video de Silvio Gatto y la iluminación de Betina Robles contribuyen a expandir el universo verbal  para, como lo proponía la directora, desplegar también  los otros lenguajes no verbales cultivados por Fijman.






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AÑO VI, n° 258

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[1] Sobre esta obra puede verse, Perla  Zayas de Lima, www.miradasobresuecia.blogspot.com (17 de octubre de 2002)

[2]Directora del espectáculo “Federico, poema del cante   jondo, estrenada en el CELCIT, temporada 2020”, fue coautora de la dramaturgia con las actrices Ingrid Pellicori y Marcela Suez.

[3] www.lanacion.com.ar (14/03/2020

[4] En entrevista con Vicente Zito Lema agregaba: “En MOLINO ROJO, hay una gran influencia de la  Sonata de  Corelli..En  HECHO  DE  ESTAPAS, de los cantos gregorianos. Y en ESTRELLA DE LA MAÑANA, la medición sigue la del latín eclesiástico”, Citado por  Gabriela  Brunch  en  “Jacobo Fijman, un ángel en el  hospicio” (NOTICIAS DIA POR DIA, 02/04/2014).

[5] Buenos Aires, Topía Editorial, Colección Psicoanálisis, Sociedad y Cultura.

[6] EL CABALLERO INEXISTENTE, Madrid Ed. Siruela, 1990, pp. 61 y 134.

lunes, 10 de octubre de 2022

ELLA PARA MÍ. MEMORIA, HERENCIA E IDENTIDAD

 

El Teatro Moscú ha mantenido durante muchos años la regla de presentar espectáculos de calidad y el estreno de ELLA PARA MÍ confirma dicha premisa. Los textos pertenecen a la directora Ana Sánchez y a las actrices Florencia Sacchi y Ana Laura Estrin, y se ofrecen como homenaje a nueve mujeres que “transgredieron sus fronteras más cercanas, no las de toda la humanidad. Y silenciosas para el resto nos trasmitieron esos triunfos a nosotros” (Informe de prensa).

La escenografía de Elisa Ferradas y el vestuario de Pepe Uría permite visualizar y subrayar una peculiar estética del espectáculo en el que se integran la poesía, la metáfora con lo narrativo, informativo y lo emotivo, lo onírico y la realidad cotidiana. En este punto resulta central el diseño de luces de Sergio Cucchiara que señala tiempos y espacios, pero también sugiere mundos interiores en coherencia con lo sonoro (colaboración de Tian Brass). Los objetos en número escaso ganan en significación, como la centralidad de esa mesa que puede convertirse en un piano, en el sitio en el que se amasa, en el espacio propio para el diálogo.

 Un presupuesto organiza texto dramático y puesta en escena. La presencia, vigencia y poder de la herencia de sus abuelas: “la herencia como algo inevitable de familia, la herencia que uno elige, la que repite inexorablemente, la que decide torcer, la que enorgullece, la que hunde.” (Informe de prensa).

La ductilidad de los cuerpos de las actrices (miradas, voces, desplazamientos) revela una especie de  transmigración -término que posee género femenino-[1] que  replantea  temas  complejos como el de  la identidad. Una identidad que se recibe, se internaliza y se construye, una identidad individual y familiar pero que también se nutre de lo colectivo, de mujeres y hombres públicos (músicos, dramaturgos, poetas, actrices, escultoras) que a lo largo del siglo XX (1911,1918, 1920, década del 50…) jalonaron momentos claves.

 Este encuentro con “rincones del ayer” no se trata, como decía María Dueñas en SIRA, “chispazos de nostalgia agazapados” sino, en este caso, de recuerdos que se ensamblan y adquieren sentido, se proyectan y esclarecen los presentes de Ana Sánchez, Florencia Sacchi y Ana Laura Estrin. Evocaciones -evocar es recordar algo percibido, aprendido o conocido- que se trasladan de modo inmediato al receptor, es decir, que lo autobiográfico trasciende. Además del disfrute de la belleza del espectáculo y de las potentes emociones que irradia, como espectadores nos vemos compelidos a encontrar, más allá de lo inmediato, ese hilo umbilical que nos conecta con nuestra historia y que la hace presente y nos obliga a reflexionar sobre cuál es nuestra herencia, qué hacemos con ella, cómo seguimos construyendo nuestra identidad.

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AÑO VI, n° 256

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[1] “La intimidad de sus cuerpos, que fueron amantes y madres, la transitamos con nuestros cuerpos y nuestros pudores de hoy, preguntándonos sobre los de ellas entonces y sobre nuestra vejez ¿Cuáles fueron sus sueños y transgresiones y cuáles las nuestras hoy? ¿Qué nos une a nuestras abuelas por encima de la generación de nuestras madres? La herencia en tanto mujeres que somos como ellas, ellas que nacieron casi un siglo atrás que sin embargo marcan aún un referente en nuestras vidas.  Vidas muy diferentes en cuanto al momento histórico que nos toca vivir, desde el punto de vista social” (Palabras de la directora)

jueves, 6 de octubre de 2022

LABERINTO, UN MODELO DE TRANSPOSICIÓN.

 

 

En el Teatro Moscú se presentó LABERINTO (dramaturgia y dirección de Julieta Timossi. En varias declaraciones a la prensa su creadora sostiene la existencia de un doble material: una obra de teatro, pero también de un podcast.  En una primera etapa que correspondió a tiempos de pandemia se trató de capítulos grabados en audios y transmitidos on-line. En una segunda, con la apertura de los teatros, la puesta en escena del material que se estructuraba a partir del conflicto de un triángulo amoroso.

Timossi sorteó exitosamente las dificultades intrínsecas a toda transposición, el abordar el nuevo sentido que adquiere ese material con el cambio de soporte.

El texto posee de por sí muchas cualidades: humor, profundidad psicológica, aguda percepción de las ambigüedades y contradicciones que afectan a los seres humanos, una sutil y significativa utilización del mito griego y su reelaboración borgiana, una audaz combinación de distintos niveles lingüísticos, y una atrapante sucesión de peripecias que conducen la acción a un interpelante final.

La puesta en escena ofrece también méritos para destacar. En esta transposición todos los lenguajes aparecen sistemáticamente jerarquizados. El diseño sonoro y edición de Federico Marino, el video de Pablo Rodríguez Pandolfi, ritmos musicales que se acoplan al ritmo de los conflictos personajes y un desarrollo de la acción que atrapa al espectador.

Las actrices Marina Pacheco (Sofía, la novia) y Belén Carluccio (Lucrecia, la amante) logran trasmitir con diferentes matices lo que implica una situación de crisis: sospecha, vacilación, inestabilidad; determinación y riesgo (para los chinos, crisis significa, al mismo tiempo peligro y oportunidad. Pablo Rodríguez Pandolfi (Alfonso, el novio), temor por la responsabilidad asumir, engaño y autoengaño. Cada uno de ellos con su impronta personal revelan las incoherencias que afectan a los seres humanos que los llevan a convivir con las diferencias entre lo que dicen y lo que piensan.

El mito del laberinto y las imágenes y símbolos que genera ha sido reelaborado en varias oportunidades por el teatro, la narrativa y la poesía. Tomossi diseña  un nuevo contexto en el que debe ser leído.  Esa estructura en la que es difícil (y a veces) salir remite a un laberinto de pasiones en el que ya no trata de luchas contra un monstruo sino contra las propias decisiones erróneas, debilidades y/ o cobardía. Por ello los espacios elegidos son perfectos: un boliche en El Abasto y un conglomerado habitacional en La Boca, dos lugares que, a su vez, arrastran sus propias “mitología”, y que la puesta en escena a través de sus lenguajes rítmico/ sonoro y visual resalta. Respectivamente, las luces de neón no alcanzan para iluminar todos los rincones, y permite que la “maredajada” de bailarines distinga a quien observa desde los rincones; el laberinto de puertas y ventanas, todas iguales, desorientan a quienes se aproximan a través de esos “jardines que se bifurcan”.

Sobre estos ecos borgianos sobrevuela el talento y la originalidad de Timossi, quien con voz propia revela la fuerza del mundo femenino que elige confrontar la verdad, comprender la diferencia entre los sueños y la realidad, liberarse de las propias telarañas y, a partir de peregrinar por distintos laberintos, asumir las consecuencias de sus elecciones.



Foto de Lolo Arias

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AÑO VI, n° 255

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miércoles, 21 de septiembre de 2022

LO QUIERO YA. UNA COMEDIA QUE JERARQUIZA EL MUSICAL.

 

Cuando asistimos a una comedia musical (un musical) solemos focalizarnos en el virtuosismo de las voces y desplazamientos de los ejecutantes, la creatividad de los coreógrafos, el oficio del director para combinar o integrar la partitura musical con la lumínica[1], la funcionalidad y/o espectacularidad  de la escenografía y el  vestuario.

LO QUIERO YA, no es una excepción a este tipo de recepción; basta con leer las laudatorias críticas recibidas. Sin disentir con dichas miradas, elijo detenerme en un aspecto poco analizado, y que, como los críticos Ariel Bercovich y Mirta Solís señalan, es realmente notable: el libro de Marcelo Caballero y Martín Goldber.

La historia se centra en el universo de las nuevas generaciones, su lenguaje, su ritmo vertiginoso, la fragmentariedad y su lenguaje propio, su dependencia de las nuevas tecnologías, su ininterrumpida sucesión de anhelos. Pero trasciende el espacio de los “millennials” al instalar un interrogante sobre con cuanta dosis de libertad contamos a la hora de elegir.

Tema clásico propio de la tragedia griega y del renacimiento aquí reaparece en otro género[2]: ya no hay dioses que transmitan ambiguos oráculos ni destino inescrutable, sino que basta una aplicación y un asesor organice lo que hay que hacer, un asistente personal que paradójicamente intenta ordenar, aconsejar y guiar a doce personas simultáneamente para que ellos alcancen sus metas. Doce figuras muy cercanas lo arquetípico se someten a la magia, el yoga, los medicamentos, la sicología, el arte…, en doce historias individuales que terminan conformando una historia colectiva. El texto propone una inteligente dosificación del humor donde los gags físicos se combinan con los verbales, lo cantado y lo hablado se integran naturalmente y transmiten el mensaje (entendido en el sentido otorgado por la teoría de la comunicación). La atmosfera festiva de puesta en escena a cargo de Marcelo Caballero responsable también del colorido diseño del vestuario con Martina Paiz, la coreografía de la antes citada, y la iluminación de Anteo Del Mastro diseñan una especie de arco iris en movimiento, pero sin opacar el citado “mensaje” que aparece sintetizado en algunas palabras clave proyectadas en la pantalla.

En una entrevista (“La casa invita”, AM 750, 31 de enero de  2022) el director califica su espectáculo de  “estructura como un relojito”. Es, sin duda, la mejor metáfora que ilumina una obra en la que el texto permite sincronizar perfectamente con la música y las canciones de Juan Pablo Schapira (director musical) y cada gesto y desplazamiento de los actores (son dirigidos por el coautor Martín Goldber)

Estos son sólo algunos de los aspectos que determinaron que LO QUIERO YA, recibiera distinciones como Mejor Musical Off y Mejor Dirección en los Premios Hugo, y el Premio Nacional a la Producción Artística, temporadas 2016-2019). Y desde hace ya varios años permanece exitosamente en cartel en escenarios locales y extranjeros.

Los autores otorgan a la escritura teatral una impronta fluida, paródica e irónica (¿hay que reír para no llorar?) y proponen un estilo (concepto de difícil definición) que apunta a un lugar neurálgico que permite a heterogéneos receptores deleitarse, reconocerse o reflexionar según sean sus procedencias, edades y competencias, y usan el humor de un modo que la sonrisa o la risa no deriven en evasión.

ELENCO

Julián Pucheta, Elis García, Ro  Noziglia, Martín Goldber, Luana Pascual, Nacho Pelaez, Lucien Gilaber, Chechu Vargas, Lala Rossi, Julián  Rubino, Julieta  Rapetta, Renzo  Morelli y  Camila Ballarini.

Swings: Pedro  Raimondi.

Banda en  vivo : Frano  de  Paoli  (batería),  Paula >Morales (Bajo) y Bicolá  Alonso (guitarra)

 

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AÑO VI, n° 254

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[1] El concepto de “partitura lumínica” fue desarrollado por el Lic. Mauricio Rinaldi en varias obras sobre el tema.

[2] “Al intentar diferenciar la tragedia de la comedia encuentra en ellas un elemento común, ambas persiguen el mismo fin: el autoconocimiento” Carlota E. Martínez  B., “Reir para no llorar” (sobre la obra de José Ignacio Cabrujas), THEATRON, Año 11-12, n° 14-15, marzo 2006, p. 91.

domingo, 11 de septiembre de 2022

LA CABEZA DE GOLIAT, DE JORGE PALANT DIRIGIDA POR ENRIQUE DACAL.

 

Encuentro ficcional unidos “en una suerte de reportaje” (Programa de mano), el espectáculo trasciende ambas categorías por la confluencia de un texto que combina elementos dramáticos, narrativos y líricos, una dirección que trabaja con precisión los diferentes lenguajes que hacen a la teatralidad, y actores que diseñan entrañables personajes escapando de los estereotipos que la historia y la crítica fueron instalando a través del tiempo. Y la interacción entre el texto, los actores y el director es perfecta.

El texto propone una estructura descentralizada en la que coexisten dos temporalidades y dos espacios sociales que entran por momentos en una relación crítica, que obliga al receptor a despojarse de prejuicios y creencias. No hay un héroe, nadie totaliza el conflicto ni moraliza sobre los hechos (así caracteriza Antonio Hormigón este tipo de estructura). Los dos protagonistas de este encuentro ficcional, Caravaggio 1571-1610) y Passolini cuestionaron las condiciones reales de su existencia y los mitos de sus respectivamente; ambos fueron expulsados por su heterodoxia (Caravaggio, de la Orden de Malta; Pasolini, del Partido Comunista), y sus vidas estuvieron marcadas por hechos de distintos grados de violencia. Muchos temas jalonan el diálogo, pero hay dos que los vertebra, las relaciones con el poder y la incomprensión del artista por parte de la sociedad. El claroscuro en el que ambos artistas estuvieron inmersos, no se refiere sólo al campo de la estética del cineasta y del pintor, sino que apunta a las sospechas y ambigüedades que jalonan distintos momentos de su vida e incluso sus muertes. 

En 1991, Jorge Palant, dramaturgo y médico psicoanalista, afirmaba que para él “un teatro sin lenguaje –mero juego de imágenes y movimientos- y si escenario- un lugar escénico no específico- es incompatible con su esencia”[1]. De allí, el sentido de su elección, no sólo de los personajes revisitados (un artista plástico, perseguido, y censurado por gran parte de su sociedad, y un cineasta y escritor que generó durante su vida, hondas controversias), sino de quién debía concretar su texto en escena, Enrique Dacal. Este director, cuya ductilidad lo ha llevado a montar obras en espacios convencionales y no convencionales, abiertos y cerrados de variadas dimensiones.  En este caso, para quien entiende que el teatro es una ceremonia mucho más íntima de lo que habitualmente se supone, la opción por el Teatro Tadrón es la adecuada.

Dacal opta por una puesta en escena despojada (lo mínimo que logra proyectarse hacia lo total) y de fuerte carga simbólica, una puesta luminosa, abierta, dominada por el blanco que permite descubrir lo que está oculto, correr el velo sobre lo tapado, mostrar al espectador los secretos, iluminar. Precisamente su labor como iluminador potencia el vestuario de Julieta Capece, que identifica y narra; como director propone un desplazo de los actores en un espacio que soslaya lo mimético y lo costumbrista (Capece también diseñó la escenografía)

Perfecto es el trabajo de Coni Marino quien opera sobre la unidad del impulso físico y vocal conectando la voz cantada y la voz hablada, y generando ecos cuando se halla en silencio, tanto dentro como fuera del área de juego, y desliza la percepción del espectador al revelar por detrás de la actriz al personaje.

Marcelo Sánchez en el rol de Caravaggio se revela como actor capaz de transitar todos aquellos aspectos que caracterizaron al pintor (satírico, burlón, transgresor, ambiguo) a través de un trabajo corporal y vocal lleno de matices. Néstor Navarría no sólo logra con su presencia resucitar al cineasta, sino que a través del texto que pronuncia otorga a la palabra el valor “de pensamiento y critica”, ese “teatro de la palabra” que proponía Pasolini en su MANIFIESTO PARA UN NUEVO TEATRO.

Ambos actores diseñan sus personajes de tal modo que vemos resucitados en ellos al pintor y al cineasta y a sus respectivas búsquedas de libertad a pesar de la censura; asistimos a esos  hecho callados o desfigurados por sus contemporáneos, y reconocemos las contradicciones de Caravaggio  quien creó un David bíblico que mira con tristeza la cabeza de un Goliat vencido, o revive en un posible autorretrato a una bestia mitológica que, con su cabeza llena de serpientes, simboliza lo oscuro y lo fálico. Y admiramos admirar las transgresiones, la versatilidad de Pasolini como creador de EL EVANGELIO DE SAN MATEO, MEDEA, y LA TRILOGÍA DE LA VIDA.

Todos los que intervienen en la puesta en escena logran que por encima (o por debajo) el goce, el espectador deba reflexionar sobre el bien y el mal, el arte y la verdad.



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AÑO VI, n° 253

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[1] Perla Zayas de Lima, DICCIONARIO DE AUTORES TEATRALES ARGENTINO 1950-1990, Buenos  Aires,  Editorial Galerna, 1991, p. 205

viernes, 2 de septiembre de 2022

TICK TICK BOOM: ARIEL DEL MASTRO Y EL DIFÍCIL ARTE DE LA COMEDIA MUSICAL.

El estreno de la obra de Jonathan Larson en el Paseo La Plaza nos invita a volver a reflexionar sobre la complejidad que la comedia musical presenta a la hora de concretar su puesta en escena, por eso deseo focalizarme en la labor de Ariel del Mastro (dirección general, y dirección de arte y puesta en escena, las dos últimas funciones en colaboración con Marcelo Caballero).

Esta puesta en escena es destacable, ante todo por el trabajo del director con el espacio, al que organiza de modo simétrico con tres claros lugares para cada uno de los tres personajes, destinando el lugar central para el protagonista, quien sólo esporádicamente lo abandona. Allí, como sucede en la estructura del teatro clásico, el héroe “portador y portavoz de la conciencia individual con sus ilusiones” funciona como “generador del conflicto y conductor de todos los elementos que giran a su alrededor” (Juan A.  Hormigón); sus dos “ayudantes” lo flanquean; a sus espaldas, los “antagonistas”, una sociedad que obtura sus anhelos. Este diseño es el apropiado para el texto autobiográfico de Larson, que también es autorreferencial: el arte frente a la política, la guerra, el sida. Hay una articulación equilibrada entre el despliegue lúdico propio del género y los dos conflictos que surgen de la peripecia argumental: el conflicto interno de los personajes (trabajo de los actores con la verbalidad, gestualidad y proxemia), con los conflictos sociales y políticos de la época (proyecciones que incluyen claras referencias también a lo local). Precisamente utiliza los diferentes grados de contacto de los personajes entre sí y de los personajes con el público para generar la fractura ocasional de la actuación mimética: ¿se trata de incluir al espectador, de explicitar el grado de soledad del personaje, o de ambos?

 El espacio en función de los personajes, de lo que representan cada uno de ellos en la obra aparece reflejado en cada una de las decisiones estéticas del montaje; un claro ejemplo, el diseño lumínico de Anteo del Mastro, quien combina los colores cálidos con los fríos, asociando la gama de colores con la gama de sentimientos, la combinación de zonas con distinto nivel de luz, o el haz violeta central que ilumina al protagonista en el momento de su aria.

Se incorporan sólo objetos que cumplan la máxima funcionalidad a la hora de delimitar los tres sectores (lámparas, almohadones); el vestuario de los personajes (Gigi Romano) cumple con una regla de oro:  “…que el vestuario sea a la vez materia sensual para el actor y signo perceptible para el espectador”[1]; y se prioriza el protagonismo de los distintos instrumentos distribuidos en dichos sectores al hacer que sus ejecutantes también diseñen el espacio con sus desplazamientos e intervenciones en el desarrollo de la acción, por ello la presencia de los músicos contribuye a organizar el desarrollo de los hechos.

El montaje adecuado de una comedia es de gran complejidad por el tipo de adecuación y coherencia que exigen cada uno de los lenguajes que la componen, por ello es de destacar, la acertada elección que del Mastro  hace  de quienes serán responsables del campo sonoro y musical: Giuliana Sosa (piano, dirección y arreglos musicales), Mariano del Rosso, Tato  Ricardi  y Eugenio Mellano Lanfranco (Diseño de sonido), Eugenia Gil Rodríguez (dirección y arreglos vocales), y especialmente los músicos: Juan  Pablo Sosa (batería),  Fernando  Oviedo (bajo), Pedro Sosa (teclados) y  Leandro  Biera (guitarra).

 Del Mastro potencia lo mejor del texto: la relación entre el humor e historia, la presencia el sentimiento en la dosis adecuada[2] y la posibilidad de sumar al placer inmediato de la representación, la reflexión mediata cuando el escenario queda vacío.

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AÑO VI, n° 252

pzayaslima@gmail.com.  



[1] Beatriz Trastoy y Perla Zayas de Lima, LENGUAJES ESCÉNICOS, Buenos Aires, Prometeo libros, 2006, p. 93.

[2] Eric Bentley así definía a la comedia: “… es indirecta, irónica.  Habla en broma cuando se refiere al dolor.  Y cuando deja a la vista el sufrimiento es capaz de hacerlo trascender en júbilo…” (LA VIDA EN EL DRAMA, Barcelona, Edit. Paidós,1985, p. 279.