viernes, 2 de septiembre de 2022

TICK TICK BOOM: ARIEL DEL MASTRO Y EL DIFÍCIL ARTE DE LA COMEDIA MUSICAL.

El estreno de la obra de Jonathan Larson en el Paseo La Plaza nos invita a volver a reflexionar sobre la complejidad que la comedia musical presenta a la hora de concretar su puesta en escena, por eso deseo focalizarme en la labor de Ariel del Mastro (dirección general, y dirección de arte y puesta en escena, las dos últimas funciones en colaboración con Marcelo Caballero).

Esta puesta en escena es destacable, ante todo por el trabajo del director con el espacio, al que organiza de modo simétrico con tres claros lugares para cada uno de los tres personajes, destinando el lugar central para el protagonista, quien sólo esporádicamente lo abandona. Allí, como sucede en la estructura del teatro clásico, el héroe “portador y portavoz de la conciencia individual con sus ilusiones” funciona como “generador del conflicto y conductor de todos los elementos que giran a su alrededor” (Juan A.  Hormigón); sus dos “ayudantes” lo flanquean; a sus espaldas, los “antagonistas”, una sociedad que obtura sus anhelos. Este diseño es el apropiado para el texto autobiográfico de Larson, que también es autorreferencial: el arte frente a la política, la guerra, el sida. Hay una articulación equilibrada entre el despliegue lúdico propio del género y los dos conflictos que surgen de la peripecia argumental: el conflicto interno de los personajes (trabajo de los actores con la verbalidad, gestualidad y proxemia), con los conflictos sociales y políticos de la época (proyecciones que incluyen claras referencias también a lo local). Precisamente utiliza los diferentes grados de contacto de los personajes entre sí y de los personajes con el público para generar la fractura ocasional de la actuación mimética: ¿se trata de incluir al espectador, de explicitar el grado de soledad del personaje, o de ambos?

 El espacio en función de los personajes, de lo que representan cada uno de ellos en la obra aparece reflejado en cada una de las decisiones estéticas del montaje; un claro ejemplo, el diseño lumínico de Anteo del Mastro, quien combina los colores cálidos con los fríos, asociando la gama de colores con la gama de sentimientos, la combinación de zonas con distinto nivel de luz, o el haz violeta central que ilumina al protagonista en el momento de su aria.

Se incorporan sólo objetos que cumplan la máxima funcionalidad a la hora de delimitar los tres sectores (lámparas, almohadones); el vestuario de los personajes (Gigi Romano) cumple con una regla de oro:  “…que el vestuario sea a la vez materia sensual para el actor y signo perceptible para el espectador”[1]; y se prioriza el protagonismo de los distintos instrumentos distribuidos en dichos sectores al hacer que sus ejecutantes también diseñen el espacio con sus desplazamientos e intervenciones en el desarrollo de la acción, por ello la presencia de los músicos contribuye a organizar el desarrollo de los hechos.

El montaje adecuado de una comedia es de gran complejidad por el tipo de adecuación y coherencia que exigen cada uno de los lenguajes que la componen, por ello es de destacar, la acertada elección que del Mastro  hace  de quienes serán responsables del campo sonoro y musical: Giuliana Sosa (piano, dirección y arreglos musicales), Mariano del Rosso, Tato  Ricardi  y Eugenio Mellano Lanfranco (Diseño de sonido), Eugenia Gil Rodríguez (dirección y arreglos vocales), y especialmente los músicos: Juan  Pablo Sosa (batería),  Fernando  Oviedo (bajo), Pedro Sosa (teclados) y  Leandro  Biera (guitarra).

 Del Mastro potencia lo mejor del texto: la relación entre el humor e historia, la presencia el sentimiento en la dosis adecuada[2] y la posibilidad de sumar al placer inmediato de la representación, la reflexión mediata cuando el escenario queda vacío.

www.goenescena.blogspot.com.ar

AÑO VI, n° 252

pzayaslima@gmail.com.  



[1] Beatriz Trastoy y Perla Zayas de Lima, LENGUAJES ESCÉNICOS, Buenos Aires, Prometeo libros, 2006, p. 93.

[2] Eric Bentley así definía a la comedia: “… es indirecta, irónica.  Habla en broma cuando se refiere al dolor.  Y cuando deja a la vista el sufrimiento es capaz de hacerlo trascender en júbilo…” (LA VIDA EN EL DRAMA, Barcelona, Edit. Paidós,1985, p. 279.


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