lunes, 5 de julio de 2021
GUSTAVO MOSCONA, UN CÓCTEL EXPLOSIVO ( Ensayos sobre teatro y política) Buenos Aires, Nueva Generación, 2021. Prólogo de Carlos Fos.
lunes, 7 de junio de 2021
EL MONÓLOGO COMO METÁFORA DEL AISLAMIENTO.
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lunes, 26 de abril de 2021
KADO KOSTZER, DE LO AUTOBIOGRÁFICO COMO PUNTO DE PARTIDA, AL CONTEXTO TEATRAL DE BUENOS AIRES COMO PUNTO DE LLEGADA.
La aparición de Antes del Di Tella, auspiciado por Proteatro y publicado por EUDEBA (C.A.B.A., 2020) brinda la oportunidad a los potenciales lectores de acercarse de modo adecuado a la personalidad de uno de los autores teatrales que con mayor lucidez ha sabido combinar diversas actividades: el periodismo, la traducción, la adaptación, la dirección y la producción.
Su eclecticismo es sólo aparente, y su expresa subjetividad, enunciada desde el mismo subtítulo, “Emociones teatrales porteñas” y rearfimada en su prólogo: “Desde que tengo uso de razón hice lo que se me antojó” (p. 12), “Gustos personales, circunstancias, oportunos o inoportunos olvidos rigen mis relatos que evocan un lustro a todas luces interesante del teatro porteño y del que fui testigo adolescente, aunque atento y curioso” (p. 13 ) y a lo largo de diferentes títulos, conllevan de modo inusual capacidad de síntesis, una organización sistemática de sus ideas y un amplio campo que excede lo individual que incluye, nada menos que la actividad teatral de Buenos Aires entre 1960 y 1965.
Nada escapa a su privilegiada memoria y la enorme documentación manejada se organiza con excelente criterio. En breves capítulos aborda la actividad del teatro oficial (Teatro Nacional Cervantes y Teatro San Martín), del teatro comercial y del teatro independiente (La Máscara, el IAM, Pequeño Teatro, Grupo del Sur, etc.); la presencia de compañías extranjeras (españolas, italianas, francesas, uruguayas, inglesas, norteamericanas); el papel de la radio como elemento de difusión del teatro argentino y universal), la labor de prestigiosos directores ( Leónidas Barletta, Orestes Caviglia, Alejandra Boero, Pedro Asquini, Hedy Crilla, Rodolfo Graziano, Oscar Ferrigno, Onofre Lovero) y actores famosos (Berta Singerman, Lola Membrives, Iris Marga, Elena Tasisto, Pepe Novoa, Lautaro Murúa, Rosa Rosen, María Aurelia Bisutti, Virginia Lago, Inda Ledesma, Alfredo Alcón, entre muchos otros); los géneros teatrales (la revista, el sainete, la comedia musical, el teatro de títeres); el devenir de las distintas salas porteñas y la actividad de los teatros al aire libre; los dramaturgos que surgen en el período elegido (Carlos Somigliana, Sergio De Cecco, Griselda Gambaro), la relación de los actores independientes con el cine; los actores y la televisión; la crítica (Emilio A. Stevanovich); la escenografía (Saulo Benavente) y la utilería; la producción (Julio Kaufmann, Pablo Bueno), los agentes literarios (Catalina Wulff, Romiglio Giacompol); las colecciones teatrales de diferentes editoriales, tanto de obras como de ensayos (Sudamericana, Losada , Emecé, Aguilar, Sur Losange, Fabril Editora, El Carro de Tespis…); las revistas (Primer Acto, Talía) y los programas radiales (Semanario Teatral del Aire); los suplementos de los periódicos argentinos y aquellos para lectores de habla inglesa, francesa y alemana.
Con sagacidad es capaz de separar y recolectar de diferentes testimonios orales “Verdades, semi verdades, verdades adornadas, expresiones de deseo o simples delirios” (p.247) tal como se puede observar en el capítulo dedicado a Alma Bambú. Lo nacional y lo extranjero dialogan de modo natural, y a manera de vidas paralelas se ubican en capítulos continuos a Luis Mottura y a Leónicas Barletta. La suerte corrida por elencos locales y visitantes es analizada con una loable mirada crítica.
Sus preferencias en lo que se refiere a las ediciones pone de relieve la importancia que el autor dio siempre a lo visual y se corresponde con la impronta otorgada a sus diferentes puestas en escena; por ello rescata aquellas “fotos mágicas e inspiradoras” capaces de mostrar “conceptos visuales” (p. 45), pero también el poder mágico de la voz (“33.r.p..m El teatro en su tocadiscos”, pp. 235-237) Asimismo, algunos de los autores que conoce y de los cuales se enamora (p. 21) condicen con las cualidades que tiene Kado Kostzer en su calidad de dramaturgo: como Richard Sheridan (el de La escuela del escándalo) una profunda lectura de la sociedad de su tiempo y un manejo agudo y personalísimo de la sátira; como Dylan Thomas (el de Bajo el bosque de leche) el juego rítmico de las distintas voces y su manejo del humor. Su mirada sobre La Ópera de dos centavos (Brecht- Weill) se corresponde con la función central que la música adquiere en el espectáculo teatral (basta con recorrer la lista de sus estrenos en Europa y nuestro país desde 1989 a la fecha, pero pienso específicamente en dos espectáculos a los que asistí: Talismán (1999) y L´Ora italiana co-escrita con Sergio García Ramírez (2009)
Las palabras elogiosas para la revista Lyra también ponen de manifiesto otra de las características del citado autor: lo saludable de cierto eclecticismo, la interrelación entre los distintos lenguajes que confluyen en un espectáculo, y un verdadero sentido de la cultura que no queda limitado por las ideologías. La importancia que le otorga al material gráfico (que pone de manifiesto en sus opiniones sobre Histonium, se ejemplifica en las 32 páginas de material gráfico que enriquece un texto de 407 páginas. Sus juicios nunca se acomodan a lo convencional y establecido tradicionalmente, lo que se evidencia, por ejemplo, en sus opiniones sobre Lola Membrives y China Zorrilla. Su interés por todas las artes le permite rescatar figuras de épocas pasadas como la del actor Basil Rathborne, y a su independiente criterio se le suma el interés por revelar aspectos desconocidos o pocos difundidos de figuras tanto como famosas o como soslayadas: no es casual que el último capítulo esté dedicado al “Único Raúl de Lange” (p. 374).
Señalaba al comienzo que su subjetividad aparece unida a una investigación profunda y sistemática que da cuenta del contexto teatral de la época estudiada. El volumen se cierra con una lista de obras y espectáculos (pp. 377-386), datos sobre algunos protagonistas “activos en la escena porteña entre 1960-1965” (pp. 387-398), una nómina de los “Teatros y espacios teatrales desaparecidos o inactivos (Con programación –no simultánea- entre 1965 y 1965)” (pp. 399-400), de las cuatro salas capitalinas ocasionales “Cines de barrio destinados a compañías de radioteatro en gira “(p. 401), y una bibliografía que incluye además de los libros, las revistas de actualidad y espectáculos, las publicaciones culturales y de teatro, los principales diarios y los programas teatrales (pp. 403-407).
Esta precuela del libro publicado en 2016, La generación Di Tella y otras intoxicaciones (Buenos Aires, EUDEBA) ofrece a los lectores de diferentes generaciones la posibilidad de acercarse al movimiento teatral porteño entre 1969 y 1965 y entender investigación como un fuerte acto de pasión.
martes, 29 de septiembre de 2020
TEATRO SIN PÚBLICO
Dado que sigue vigente la imposibilidad de asistir ni a espectáculos teatrales ni a espectáculos de danza considero pertinente suspender un blog que tiene como principal objetivo el análisis y comentario de dichas propuestas artísticas.
El blog volverá a su actividad cuando toda la situación esté normalizada
Dra. Perla Zayas de Lima
lunes, 21 de septiembre de 2020
P. D. JAMES. REFLEXIONES SOBRE UNA NARRADORA A CIEN AÑOS DE SU NACIMIENTO.
Tal vez
resulte sorprendente que un blog dedicado a las artes del espectáculo me
refiera a Phyllis Dorothy James, una de las más famosas escritoras de novelas
policiales. Más allá del placer personal de haber leído gran parte de su
producción en la que el detective Adam Dalgliesh resuelve los más complejos
crímenes y describe aspectos de la sociedad inglesa de su época, encuentro que
dos libros “TODO LO QUE SÉ SOBRE NOVELA NEGRA” y “LA EDAD DE LA FRANQUEZA”
proponen una serie de reflexiones sobre temas que trascienden la narrativa
policial. Quien probablemente es “la mejor escritora contemporánea de novela
negra” (opinión del SUNDAY TIMES y que comparto) ha dejado en los dos textos
antes citados ideas claves que hacen al arte literario, a la responsabilidad
social y a la política.
En TIME TO BE IN EARNEST, 1999 (LA EDAD DE LA
FRANQUEZA, Sudamericana, 2001[1]) queda expuesta claramente su
posición frente al problema de género: matrimonios que implicaban aún a comienzos del siglo XX “poco
más que una esclavitud institucionalizada para la esposa”, trabajos en los que
no se tenía en cuenta la igualdad de oportunidades y la discriminación era evidente(su
experiencia en el National Health
Service le mostró que para lograr
un ascenso “no alcanzaba con estar mejor
calificada que los postulantes varones, sino que tenía que estar sensiblemente
mejor calificada”). Y aborda el polémico
tema de los cupos: si bien reconoce la necesidad de continuar promoviendo la
participación de las mujeres como asimismo de las minorías étnicas cuestiona la
implementación de dichos cupos “porque resultan condescendientes y ofensivos
tanto para las mujeres como para las minorías involucradas”.
También aborda un tema conflictivo como el del
arte, la moral y la censura. Hablar de la responsabilidad moral del novelista
en un mundo en el que ya no existe un sistema de valores inmutable ni un código
de conducta ética con el que se rijan todas las personas (situación que P.D.
James reconoce como propia del siglo XX) la lleva a una pregunta primordial:
“si el novelista tiene una responsabilidad moral, ¿cuál es la moralidad de la
que deriva esta responsabilidad?”
Más allá de posibles respuestas
no todas coincidentes ella ofrece dos: el novelista debe recorrer una avenida recta hacia el corazón
humano (retoma aquí la idea del escritor
del siglo XVIII Richard Cumberland) al tiempo que rechaza la limitación de la
elección del tema (simplemente porque la idea de elección, de una selección o
de una rechazo conscientes es ilusoria”)Sintetiza en unas pocas normas esa
responsabilidad moral: no caer en el plagio, huir de la escritura descuidada o ampulosa, abjurar de las jergas y lugares
comunes, esforzarse por alcanzar una voz
individual.
Es consciente
la opción difícil de trazar límites entre la prohibición absoluta y la libertad
absoluta y hallar la manera de mantener “ese precario pero vital equilibro
entre la libertad personal y el orden público en una democracia”, sin confundir
Estado, gobierno y establishment. Reconoce como elementos nocivos en una
sociedad todo intento de destruir la tradición, el fascismo lingüístico, el
lenguaje políticamente correcto, la “deprimente llanura de trivialidades” de
ciertos medios de comunicación, la posición de los críticos que usan sus
reseñas “para saldar cuentas pendientes o para dar rienda suelta a su aversión
por el sexo, la clase social, las ideas políticas, la religión o el estilo de
ida del autor”.
Este libro también plantea interesantes
interrogantes sobre los motivos que llevan a alguien a escribir novelas
policiales:
“¿Para imponer orden a un caos que nos aterra?
¿Para extraer justicia de la injusticia? ¿Para dar la ilusión de que vivimos en
un universo moral y absoluto? ¿Para ganar dinero? ¿Para crear una estructura
dentro de la cual el escritor y el lector pueden enfrentar sin peligro el
terror, la violencia, la muerte? ¿Para mostrar que al menos para algunas
preguntas existen respuestas? ¿Para mantener alejado el miedo atávico a la
crueldad y a la muerte? ¿Para urdir una trama? ¿Para explorar las reacciones de
hombres y mujeres sometidos a una experiencia traumática como es una investigación
policial por el máximo crimen? ¿Para crear una alegoría moral en que la verdad
quede a menos instaurada aun cuando no prevalezca? ¿Para celebrar la justicia?
¿Para derrotar a nuestros enemigos? ¿Para obtener la ilusión de poder? ¿Para
aconsejar y entretener, para consolar y deleitar? ¿Porque es lo que uno hace
mejor?”
TALKING ABOUT DETECCTIVE FICTION, 2009 (TODO LO
QUE SE SOBRE NOVELA NEGRA, Ediciones B,
2010) desarrollará de modo pormenorizado estos interrogantes ejemplificándolos
en las obras de los más representativos
escritores de este género. Las variadas líneas estéticas elegidas a la hora de
narrar las “populares historias detectivescas o de misterio” son aquí
sistemática y exhaustivamente analizadas, como asimismo, las diferentes
funciones que cumple en ella el contexto
y las características de los personajes elegidos. Este libro revela la sagacidad de la autora
en el análisis crítico y los profundos conocimientos sobre el género y su historia. Precisamente en este punto, encuentro que puede
funcionar como modelo a seguir por quienes están interesados en una perspectiva
que supere lo meramente historiográfico (las obras no son sólo fuentes). Desmonta
cliché, jerarquiza la tradición literaria y un tratamiento del lenguaje que no
haga concesiones a las modas transitorias, propone una mirada profunda y
responsable sobre el tema de la recepción (la lectura constituye “un acto
simbiótico”) y no descuida el enfoque sobre el tratamiento de los personajes,
la narración y la estructura, además del contexto en las categorías espacio
temporales.
Su selectiva y pertinente capacidad de síntesis
se pone de manifiesto en la bibliografía (y lecturas recomendadas) cuyo número
(diecisiete) sorprende frente a la enorme cantidad de obras que sobre el tema y
sus autores se han publicado.
En el prólogo de la obra de l990, P. D. James definía
a la memoria como “un mecanismo que nos permite tanto olvidar como recordar”, capas
de redescubrir, reinventar, reorganizar; por lo que en parte “toda
autobiografía es una obra de ficción y toda obra de ficción es una
autobiografía”. Los dos textos mencionados revelan cómo en P.D. James se pueden
(¿y deben?) integrar de modo natural la tradición y la innovación, lo local y
lo universal, la responsabilidad y a libertad creadora, las experiencias
personales y la capacidad para tomar distancia de dichas experiencias, la
temporalidad de la historia y la intemporalidad de los arquetipos.
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AÑO V, n° 237
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[1] La elección del título en español
se corresponde con el epígrafe de Samuel
Johnson: “Los setenta y siete años son la edad de la franqueza”
lunes, 14 de septiembre de 2020
COSAS COMO SI NUNCA: UN VIAJE AL SIGLO XIX PARA ENTENDER EL SIGLO XXI.
“Hacer una experiencia quiere decir ir de aquí hacia allá para experimentar algo; se trata al mismo tiempo de un viaje de descubrimiento” (Reinhart Koselleck)
Beatriz Catani estrenó en la sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes COSAS COMO SI NUNCA en la temporada 2018. Su “reestreno” on line cobra especial importancia en nuestros días en el que el escenario político se manifiesta absolutamente fracturado; las distintas confrontaciones planteadas funcionan como eficaz metáfora de la historia real de una desoladora Argentina dividida. Pero junto a una abierta testimonialidad, emerge en cada una de las secuencias elementos que apuntan a evitar la reducción figurativa.
La centralidad de la imagen visual es absoluta, no solamente por la ubicación de la pantalla en que se proyecta sino por el tipo de imágenes allí proyectadas, sino por ser un eje que expande sus rayos a ambos lados en los que dominan, en uno la palabra dialogada y/o monologada (los actores/narradores sobre una tarima, con micrófonos); en el otro, la música (el pianista en vivo siempre en diálogo con la acción)
El leit-motiv de la inmensidad, núcleo del discurso en el que conviven pasiones incontroladas, la oposición civilización y barbarie, la soledad y el silencio, la fuerza de la naturaleza (aridez, un árbol en el medio del desierto, un riacho) remiten, en mi opinión a la visión que proponía Martínez Estrada. Las secuencias del pintor que se aleja en la inmensidad con su pintura, un caballo y un perro, la mujer que de espaldas a la cámara se dirige hacia un horizonte incierto, el joven que permanece en soledad sentado sobre la tierra, no hacen sino confirmar, el sentido de abandono y desesperanza. En ese mismo rumbo se ubica la presencia de la muerte en “Las doce cruces”. Pero lo local ingresa de un modo absolutamente natural a lo universal, y la autora logra un diálogo entre citas shakespereanas con textos de Sarmiento y una copresencia significativa de personajes de heterogéneos campos.
La puesta en escena propone el jugo de las cajas chinas, espectadores que miran una proyección, pero también a los actores mirando esa proyección; una técnica que permite envolver a emisores y receptores en una actividad común: qué significa conocer un país, qué significa conocer una época –nos dice el texto. Otra técnica es la reduplicación de personajes y de objetos (la muñeca) en la escena y en la proyección, lo que se complemente con la narración de historias acompañadas con el sonido de las guitarras dentro de la historia.
“Saber escuchar la llanura, pero también atreverse a gritar en el desierto” nos dice la obra. Catani dedicó meses a recorrer lugares hasta encontrar aquellos propicios para desarrollar en un escenario natural, una historia ficcional, que ubicada en el siglo XIX la reconstruye de modo tal que nos interpele en el siglo XXI.
La directora supo integrar el trabajo de calificados especialistas que, con precisión artesanal y pericia técnica, lograron una auténtica interrelación de lenguajes en la que la riqueza de lo visual (colores, espacios), se corresponde con la riqueza de lo sonoro (niveles melódicos y rítmicos de la música, cambio de registro en las voces), la conexión entre lo que sucede en escena y fuera de la escena, en vivo y en el audiovisual, lo estático y lo cambiante.
La obra que transita entre el arte (literatura, teatro, cine) y la ciencia (historia) y puede ser mirada desde varios ángulos. En mi caso, leerla – en parte- a la luz de algunas ideas del Koselleck (Los estratos del tiempo: estudios sobre la historia), citado en el epígrafe:
• “Toda historia fue, es y será historia del tiempo presente”
• … “frecuentemente fueron los vencidos quienes estuvieron en mejores condiciones para escribir la mejor historia y la más clarividente”.
• Necesidad de distinguir el tiempo como duración y como cambio.
• “Toda secuencia histórica contiene tanto elementos lineales como elementos recurrentes”.
La autora/directora los “proyectos inacabados” constituyen una de las notas definitorias de la historia argentina y elige pensar dicha historia en “clave literaria”. Y a través de un proyecto, en este caso, perfectamente acabado, describe en su espectáculo algunos de los modos de la articulación naturaleza-cultura que marcaron a partir del siglo XIX la realidad argentina.
FICHA TÉCNICA
Actores: Gabriela Ditisheim, Trinidad Falco y Juan Manuel Unzaga.
Vestuario: Gonzalo Giacchino.
Escenografía: Andrea Desojo Mc Coubrey e Inés Raimondi.
Iluminación: Leandra Rodríguez.
Sonido en vivo y diseño sonoro: Agustín Salzano.
Músico en escena: Ramiro Mansilla Pons.
Participación especial: Alexis Garcia, Gonzalo Giacchino, Nahuel Lahora, Marcos Migliavacca. Los dos últimos a cargo de la realización audiovisual.
Dirección: Marcos Migliavacca y Beatriz Catani.
Autora: Beatriz Catani.
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AÑO V, n° 236
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lunes, 7 de septiembre de 2020
SUEÑOS, MIEDOS Y OTROS CANTARES A LA HORA DE DORMIR. POESÍA Y TEATRALIDAD.
Valeria Mitidieri acaba de publicar SUEÑOS, MIEDOS Y OTROS CANTARES A LA HORA DE DORMIR, (Buenos Aires, Niña Pez ediciones, 2020). Si bien integra una colección de poesía infantil, presenta la particularidad de poseer una notable cantidad de elementos que permiten hablar de teatralidad.
Las actividades que propone a los potenciales lectores sobre cada uno de los poemas, pueden ser aprovechados por los potenciales directores, escenógrafos, vestuaristas, iluminadores y músicos: la corporalidad del duende (“La imaginación no es cuento”), el/los color/es de los monstruos (“Mil sombras y un apagón”), los objetos que pueblan el dormitorio (“Despertar en la noche”), los objetos que cobran vida (“No me gusta el madrugón”), la canción para antes de dormir (“De caprichos a bostezos”), el espacio escenográfico (“Las manos mágicas de mamá”), los posibles significados de los desplazamientos, la gestualidad y la voz (“Pesadillas y otros cantares”).
La introducción revela expresamente la impronta autobiográfica: la búsqueda de aliados para conjurar temores e insomnios de sus hijas (lectura de cuentos y poesías, el canto), actividad que retoma la que su propia madre ensayara con ella. Pero encuentro otra marca que considero fundamental para entender la estructura y el tipo de poesía elegida, en la que encuentro esos claros signos de la teatralidad señalados: es su formación como actriz y su labor como coordinadora de talleres de teatro musical para niños.
El ritmo que depende de la distribución de las palabras (arte menor, rima, estrofas de cuatro versos) se refuerza con el que se desprende de las referencias al funcionamiento del juego luz/oscuridad y sonido/silencio (“Si lo oscuro te aterra/ tarareá al pasar/ y la luz del sonido/al instante verás”).
Así como poético es trascendido por lo teatral, el original destinatario infantil se extiende al mundo adulto. En un plano emocional, las palabras consideradas “comunes y corrientes” se iluminan con una nueva luz, en el intelecto, del saber. Luz-lucidez. “Los miedos siempre se calman/si encontrás la explicación” (“La imaginación o es un cuento”); “…se trata de comprender/ que es una forma distinta de percibir sin temer” (“Mil sombras y un apagón”). Palabras para ser leídas en silencio, para ser dichas en voz alta o para ser cantadas. Saber -desentrañar el sentido- y poder -encontrar la motivación para la acción- es una ecuación que más que nunca debe ser tenida en cuenta y que en el lenguaje sueco se percibe con meridiana claridad (kunna “poder”; kunnighet “conocimientos”).
Las ilustraciones que acompañan a los textos, realizadas por sus hijas Valentina y Luciana (nuevamente surge lo autobiográfico), no sólo resultan atractivas, sino que, además, subrayan desde lo visual, la poética textual y un posible ámbito escénico.
Este libro de poemas propone varios caminos para chicos y grandes: buscar en nuestras aguas profundas, descubrir los alcances de la imaginación, transitar caminos de comprensión e intentar escribir nuestro propio guión. Saint- Exupéry sostenía: “En algunas ocasiones las palabras más simples parecen cargadas de poder”. La obra de Valeria Mitidieri es su comprobación.
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