viernes, 16 de junio de 2023

STELA CAMILLETTI, EL DESTELLO.TEATRO EN PANDEMIA Y POSTPANDEMIA.

 

 La nueva obra de Stela Camilletti, EL DESTELLO, representa un giro respecto de su producción anterior. Dos elementos concurrentes parecen explicarlos: el haber surgido en pandemia y un cambio en los procesos de escritura   por parte de la dramaturga. Como parte del “Experimento Cúbico” gestionado desde Grecia por Styl Rodarellis su obra debía estar inspirada en el dios Pan.

 En la página  5 del Dossier[1], la autora  define su propuesta como  “una metáfora sobre el viaje, la vida y la incertidumbre de la sociedad  actual”. El viaje  de una familia disfuncional a una isla sin tripulantes y tecnología, y la aparición de un misterioso personaje que emerge de las aguas es el ámbito en el que se desarrollan los acontecimientos.

La palabra “metáfora” resulta esencial a la hora  de  leer  la obra porque afecta tanto a las imágenes visuales, como a las verbales y sonoras. Luz, oscuridad, luna y fuego, estallido; el mar, el agente transitivo entre la vida y la muerte (Cirlot) y relámpagos remiten a la destrucción y a la regeneración; precisamente la visualidad es uno de los ejes. La isla no sólo remite al símbolo de aislamiento y soledad sino que en sentido traslaticio es el refugio que Leandro, el padre, busca contra ”el amenazador asalto del mar del inconsciente”(Jung); la ambivalencia del espejo que  puede  funcionar como símbolo mágico  de la memoria inconsciente (Loeffler). La idea de un pozo útero silencioso y oscuro, en el que Pablo  pierde el habla, confronta con el sonido  de la flauta (instrumento que  reúne lo erótico y lo funerario) al que el niño responde con sonidos semejantes a del delfín (animal alegórico de la salvación). Su ejecutante es Damián, el náufrago “moreno y bello”, el que tiene el poder de domar (según su etimología) y que, como un eco del dios Pan por su fuerza erótica y seducción, sume a los integrantes de esa familia en un espacio donde presente y pasado se unifican, y actualiza la memoria (la inmovilidad de la nave y el cese del funcionamiento de los instrumentos de navegación, metáfora de un espacio atemporal). Lo bíblico y lo mitológico se entrecruzan: la tentación, el  éxodo, la expiación conviven con la presencia y las acciones de ese dios Pan sui generis[2] y elementos rituales. Dioses y hombres. El Padre  abomina de la figura divina, mientras la madre y la hija son envueltas por la incertidumbre y la desesperanza propia del existencialismo.[3]

 ¿Es la memoria un don o una maldición? se preguntaba un personaje creado por  Katherine Mansfield, el profesor  de  “El  espíritu nocturno”. En EL DESTELLO son varias las respuestas. Ana (la madre) evoca los tiempos felices de su infancia en la que era posible soñar con el Paraíso; el padre intenta bloquear en vano su memoria; el hijo, condicionado por implacables recuerdos; la hija, que anhela no crecer nunca, para no tener que recordar.

Pero la obra de Camilletti trasciende el ámbito limitado de una “familia disfuncional” y revela aspectos de la realidad partiendo de las estructuras latentes del discurso dramático que la cuestiona (como diría el investigador peruano Alberto Villa Gómez). De allí la importancia que cobran esos cuerpos embolsados anónimos que flotan en el mar, el mismo mar del que emerge Damián y al cual volverá llevando a Carla.

Obra por momentos oscura y en otros luminosa se abre a ricas interpretaciones que pueden incluir lo político, lo social, lo filosófico y lo religioso, lo que, sin duda, aparece revelado en sus distintas puestas en escena.

 

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AÑO VI, n° 264

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[1] En dicho Dossier se explica detalladamente los motivos y alcances del Experimento Cúbico. “Aunque nación como un intento de conocimiento y diálogo entre dramaturgos de diferentes países se hace realidad bajo la necesidad de poder seguir realizando cultura en el confinamiento”. Incluyó a seis dramaturgos y cuatro directores de diferentes países a los que  se le sumaron luego más directores de escena y una productora de  España, y “se convirtió en un laboratorio virtual”.
Las obras que surgieron: EL DESTELLO, de  Stela  Camiletti ; EL  MOSSO de Luis  Miguel  González Cruz ; QHUNTAYAÑA, de  Antonio Peredo; PANOLEPSIA, de  Pilar  Zapata; ÚLTIMAS NOTAS DE  SANTIAGO  ROJAS, de Albert Tola; INSÓLITO ESPLENDOR, de Raúl Hernández Garrido, se difundieron a través de lecturas dramatizadas, un documental sobre el  proyecto, las  performances, los podcasts del proceso de creación y las itinerantes puesta en escena. Pero en este último punto hay que destacar que, para generar una verdadera difusión global y multicultural, para “establecer sinergias”, se optó por “realizar diferentes producciones con la misma dirección escénica en los diferentes países coproductores con sus propios actores y equipos de producción y técnico”. Así funcionó en la Argentina, Bolivia, Chile, España (Madrid, Barcelona y Zaragoza), Francia, Grecia, México y Uruguay.

[2] No  es el dios de los pastores, ni aparecen sus atributos, ni es un demonio pintoresco, ni tiene  doble naturaleza de hombre y cabra.

[3] ANA.-  (Los hombres somos)  Pobres pececitos en una pecera nadando sin sentido dentro de un cubo de  plástico” (p. 44)

CARLA.- “Al final somos sólo una pequeña porción de polvo arrojado al viento. Todo es cuestión del azar donde caemos…” (p. 46)

lunes, 12 de junio de 2023

CUIDADO CON CHACOVACHI!





 

Una nueva  presentación de Fernando Cavarozzi (Chacovachi) en el teatro Caras y  Caretas con su show ¡CUIDADO! UN PAYASO MALO PUEDE ARRUINAR TU VIDA, implicó un triple festejo / homenaje: a la trayectoria del intérprete, a la profesión que se consagra al arte, a la revalorización de un género y una tradición.

El payaso  Chacovachi, pertenece al grupo “de los artistas, aprendices eternos de hechicería, jugando a combinar elementos inertes para  hacer surgir algo vivo”(frase que tomo  de la obra de  William Ospina, “El año del verano que nunca llegó”). Transforma un lugar (la calle, un escenario, una plaza en un espacio que permite revelar lo que hay detrás de la máscara de cada uno, en lo  profundo. Por eso, como dice en el programa de mano su espectáculo habla de Dios, de la política, de la muerte, las drogas, el poder, la falsa modestia, el amor los ideales y el conformismo, y su exhibición con globo, botellas, juegos malabares y pruebas de equilibrio son “excusas”.

Para quienes han estudiado el sentido de la comicidad, el humor suele ser entendido como clave de mundos mágicos. Cuál es el mundo mágico al que nos conduce este payaso/bufón; un mundo que nos divierte, nos asombra, pero que también nos sacude. La risa no solo es “entretenimiento”, con su humor, este payaso malo puede “despertar almas desprevenidas”,  “arruinar la vida” de los espectadores, y esto se advierte en el  programa de mano, no sólo  por el título sino por la convivencia de un rostro cordial que esboza sonrisa pero un puño cerrado que en  primer plano tiene escrito la palabra  RISA.

Cavarozzi no  es sólo un artista  dotado de múltiples dones, sino también un eficaz director, que organiza sabiamente su propio material en el que lo autobiográfico convive con lo ficcional y le permite andar y desandar un camino que va desde el intérprete de un personaje al performer, del narrador al mimo; escoge  un vestuario que siempre simboliza y designa: la chaqueta  con las llaves expuestas (la llave, según Cirlot representa  un arcano, una obra a realizar, pero  también el medio para su ejecución) o la túnica morada  con su doble lectura, el  poder religioso y el  poder económico;  una  iluminación que conduce la mirada de los espectadores y enmarca sus respuestas  y las áreas de juego; la elección de la música, su combinación con los ruidos y su focalización en el ritmo  que involucra asimismo la relación de cuerpo y objetos;  la elección de  Maku Franchulini como payasa invitada, quien, como él, es autogestiva e independiente, creadora de su propio material y ha trabajado en la valle, en circos, teatros y lugares no convencionales.

 Para sacar de su letargo al espectador, lo convierte en partícipe activo en diversas secuencias e incorpora la improvisación a un preparado diseño, juega con  niños y con adultos por igual, tal vez porque encuentra en ambos algunos puntos en común: la necesidad de la risa, el interés por lo lúdico, la capacidad de asombro, la necesidad de traspasar normas  que encorsetan, contaminar  el mundo racional con alguna dosis de  “locura”, expresarse en libertad. Sonrisa, risa o  carcajada pueden ser instrumento apropiado para el esclarecimiento, la toma de conciencia y hasta la rebelión (no podemos olvidar que la risa volteriana fue puente directo a la Revolución Francesa).

Si este espectáculo supera las expectativas de calidad de lo que aparentemente es un show payasesco, donde hay narices clownescas, zapatones, triciclos minúsculos, globos…, es porque  su intérprete, autor y director aúna a su formación sistemática (Escuela de  Mimo de Ángel Elizondo), décadas  de actuación en los espacios más disímiles, oficio y talento y, sobre todo, lucidez para reflexionar sobre el arte que practica, de lo cual dan testimonios sus declaraciones en distintos reportajes y su libro MANUAL  Y  GUÍA EL  PAYASO  CALLEJERO ( Colectivo, Contramar Editora, 2915)



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AÑOVI, n° 263

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sábado, 6 de mayo de 2023

MARCOS MONTES: UN ACTOR DE ORO PARA EL HOMBRE DE ACERO.

 

Obra premiada. Actor premiado. Unánime éxito de crítica. Permanencia en cartel a sala llena. Un hombre de acero presenta un luminoso texto sobre las reacciones familiares y las reacciones posibles frente a la resolución de conflictos. Desde el comienzo el autor impone su mirada sobre la importancia de las palabras, su significado, la responsabilidad al usarlas y la necesidad de comunicarse, de establecer vínculos a través de ellas.

El autor, Juan  Francisco  Dasso, en su calidad de director resuelve le multiplicidad de los espacios citados y los espacios que allí circulan, pero también el de los silencios que interpelan. El texto trasciende en varias direcciones el tema de la relación de un padre con su hijo: la familia como lugar de anclaje, la importancia del recuerdo, qué es lo que rescatamos entre los pliegues de la memoria y su función a la hora de construir lo identitario; la secuencia en la que el padre rememora situaciones de su adolescencia, es clave para que el protagonista pueda  comprender la adolescencia del hijo y complementa el lugar central que se otorga a la etimología, esclarecedor  regreso a los orígenes y dadora de sentido.

Los nombres propios definen y ubican a los personajes como distintos de los otros, en este caso tienen origen griego y un valor orientador para entender el conflicto:

Neo (el hijo): “lo nuevo, “lo reciente”, implica también renovación de lo antiguo, lo que surge recientemente, es el nombre de uno de los principales personajes de la película “The  Matrix”[1]. Es el “incidente” lo que determina un cambio fundamental: quien estaba sumido en el silencio adquiere el poder de la palabra, en este caso a través del grito.

Dionel, nombre peculiar que se traduce, tal como se manifiesta en el espectáculo como el consagrado de Dios, el bendecido de Dios; pero el nombre etimológicamente considerado también implica “seguidor de Dionisio”, y como tal es quien genera el despertar sexual de Neo. Irene, “la que tiene paz”, es la madre que duerme.

La falta de comunicación del hijo se corresponde la dificultad de conectarse del padre, ya no por una enfermedad, sino por su conducta adquirida: convenciones, “marcos” racionales. El fracaso, enfundando en el disfraz de superhéroe es la peripecia que lo conduce a lo verdaderamente heroico cuando decide cruzar el umbral de sus limitaciones, su propia coraza. Es entonces cuando se pone en evidencia, la limitación que los argumentos, o las argucias tienen a la hora de persuadir.

El diseño del programa de mano (fotografía, Christian Inglize) es revela las implicancias del espectáculo al presentar un conjunto de imagines que transitan desde lo informativo (contexto social), lo simbólico (figura del padre y su mirada “mutilada”, y lo sicológico (engranajes que rigen conductas colectivas e individuales

Como director, Dasso diseña espacios en la escena y espacios citados (interiores y exteriores, del presente y del pasado) que adquieren valores simbólicos: el “incidente” ocurrido en el baño de una institución encuentra su resolución en otro baño, el de la casa familiar; un invisible Dionel tiene su lugar  en la platea y  esa silla vacía cobra  notable fuerza dramática; y propone como ejes estructurantes de la  acción  “cuerpo y narración”[2], subrayados por la escenografía y vestuario de Cecilia Zuvialde y la iluminación de Ricardo Sica.

Marcos Montes, actor-personaje-narrador transita por los distintos niveles discursivos, lo informativo, lo expresivo y lo apelativo, este último a con los personajes citados (receptores ficcionales) y con el público (receptores reales). Logra un equilibrio prefecto entre el protagonismo del gesto, del movimiento, de lo coreográfico, de la mirada, de la voz y de la palabra organizada rítmica y melódicamente a través de sus matices.

No es fácil para un receptor situarse en parámetros totalmente objetivos a la hora de calificar a un actor como muy bueno, excelente, brillante, excepcional o único (y aquí se le suma el escurridizo concepto de estilo). Por ello me refugio en el “para mí”, “en mi opinión” y apelar a metáforas.

Montes es un actor de oro que potencia  a un  “hombre de acero” (oficio), maneja y  recrea un personaje de modo que lo vemos como él único posible de hacerlo (talento), establece con su sola presencia una estrecha comunicación con el público, lo seduce y la atrapa (carisma). Y así como interpela y motiva a su “interlocutor bloqueado” (Dionel) para que (re)accione, cautiva y captura a otro “interlocutor bloqueado”, el espectador, para que se sumerja en el mundo que propone, se emocione y reflexione.




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 AÑO VI, n° 262

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[1] Tomado de Pérez Porto, J., Merino M. (21/03/2019) Neo-Qué es, usos, definición y concepto.  Definición de. Última actualización 21/11/2022). Recuperado el 24 de abril de 2003 de https://definición.de/neo/

[2] Sobre el funcionamiento de este en  los espectáculos unipersonales a partir de los años  80 puede consultarse TREATRO AUTOBRIOGRÁFICO. LOS UNIPERSONALES DE LOS 80 Y 90 EN LA ESCENA ARGENTINA, de Beatriz Trastoy (Bs. As. Nueva Generación,2002).

miércoles, 19 de abril de 2023

EL TIPO, DE LISANDRO PENELAS Y DIRECCIÓN DE ANA SCANNAPIECO EN EL TEATRO MOSCÚ.

 

¿Cómo comentar una experiencia estética profunda a partir del análisis de un espectáculo?

Después de tantas críticas unánimes en lo laudatorio y acertadas descripciones publicadas, creo que el sentido de estas líneas es tratar de explicar y explicarme el porqué de un inmediato placer vivenciado durante la representación y las reflexiones generadas de modo mediato. Tal vez deban ser entendidas como otra forma del aplauso.

El diseño lumínico de Soledad Ianni resulta modélico porque conforma una partitura cuyos patrones rítmicos subrayan el discurso verbal, el corporal y el musical; no sólo ilumina espacios sino que los define específicamente: externos, interiores, oníricos, citados, y resulta fundamental a la hora de guiar la lectura de la trama y sus peripecia por parte del espectador.

El vestuario de José Escobar, responsable también de la escenografía es fundamental no sólo como diseño del espacio sino por su función narrativa. El sillón familiar, espacio original de una abuela /tutora y en el que él reflexiona, el perchero en el que va depositando las prendas de las que parcialmente se despoja, y que lo definen y redefinen en distintas circunstancias, el micrófono que explicita un espacio acústico nunca “neutro”, siempre “reverberante” (D. Deshays) y ofrece distintos niveles de significado: la subjetividad del personaje, objeto  que amplifica su canto y hasta, -tal como lo señala  Penelas en una entrevista con  Diego  Jemio- remita a la radio de la policía.

Lisandro Penelas supera exitosamente el desafío de cumplir la doble función de autor e intérprete. La acertada elección del título conduce a una ambigüedad movilizadora (¿el tipo es un tipo típico? ¿Los rasgos físicos, psicológicos y morales con los que dota a su personaje permiten que los receptores lo asocien de modo inmediato a un policía? Creo que el diseño de un personaje sólo en apariencia “plano” revela el oficio y el talento de buen dramaturgo:  la violencia que encarna presenta matices que lo diferencian de quienes ejercen esa profesión y, al mismo tiempo, le permite construir un tipo de policía absolutamente verosímil (una coreografía que integra lo plástico de la danza con la violencia de las artes marciales aporta una perfecta síntesis de la existencia de porosidades en los límites) La foto del programa de mano (María  Laura Tavacca fue la responsable de la fotografía y el diseño gráfico) refuerza la idea de duplicidad.

 Como autor construye un unipersonal, en el que   presenta la historia de  un tipo  no típico ( quién es, de dónde proviene,  qué fantasea, que hace para lograr lo que desea y qué obstáculos supera) que  precisamente por sus contradicciones  obliga a empatizar con sus debilidades y errores; pero también su texto trasciende la historia individual se  adentra en temas universales en el que afloran  lo sociológico, lo  filosófico y lo sicológico: la violencia, la soledad, la carga  de una sexualidad no resuelta, la necesidad de deconstruir patrones fijos  que afectan a ciertos términos como lo femenino y lo masculino, los mandatos familiares como lugar de anclaje, el peso  de una institución como la policial …

Brillante ejecutante de su instrumento [1], Penelas  con su cuerpo en acción transita las sutilezas y repliegues de las emociones, revela aquellas aristas de la violencia como disfraz del miedo. Captura al espectador que durante 50 minutos se aferra con la mirada, sus movimiento, sus palabras, sus gestos, su voz. Es el “cuerpo dilatado” y “cuerpo decidido” (E.  Barba); el cuerpo “comparable a una obra de arte” (M. Ponty) un nudo de significaciones vivientes que se resiste “al encarcelamiento de su significado” (J. Sánchez). A la diversidad vocal se le suman repeticiones de frases y movimientos, consciente del valor simbólico del número tres y del sentido y efecto de la reiteración, como elemento que subraya, y al mismo tiempo diferencia.

El músico y director ítalo-argentino, me hizo llegar un texto de Oliviero Toscani escrito en el 2020 sobre la creatividad en el mundo de hoy:

“…La creatividad es el excedente de energía, inteligencia y sensibilidad; es esa posibilidad que se encuentra entre el corazón y el cerebro (…) El que es creativo puede tocar hasta lo más obsceno, incluso la tragedia y convertir en una obra de arte”

Pienso que es pertinente aplicarlo a los autores de este espectáculo Lisandro Penelas y Ana Scannapieco, creadores de imágenes que “tengan sentido” y sirvan (sean útiles, como deseaba el personajes de la abuela del protagonista) en una  sociedad contaminada por la  banalidad, el cinismo y la hipocresía. La directora, sin duda, contribuyó a que el espectáculo soslayara estereotipos y evitara juicios que condicionarían al receptor, al tiempo que privilegió el íntimo contacto visual entre el actor y el público lo que intensificó la imagen de la profunda soledad del personaje.

 

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AÑO VI, n° 265

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[1] Según Cipriano  Argüello  Pitt, el actor es al mismo tiempo instrumento e instrumentista.

lunes, 20 de febrero de 2023

LOLA MORA, UN ÁNGEL AUDAZ, DE CARLOS VITTORELLO Y PUESTA DE LEANDRA RODRÍGUEZ.

 

 

Varios parecen ser los objetivos que movieron al autor Carlos Vittorello a escribir esta obra, y a la directora Leandra Rodríguez a ponerla en escena.  El programa de mano revela algunos de ellos a los espectadores: contribuir al redescubrimiento de la obra de Lola Mora “diseminada desorganizadamente por el país”; a través de una mirada “que sólo podrá ser contemporánea” reconstruir los “momentos cruciales” de los días finales de la artista; recrear un contexto social que le fuera, por momentos, decididamente hostil. El comunicado de prensa añade otros: “La vejez para el Estado. La vejez en el arte, las condiciones de trabajo y de supervivencia del artista en Latinoamérica. La autonomía económica y social del género femenino. Las consecuencias personales derivadas de un Estado que no asume el social del arte”.

El texto genera un viaje en el tiempo que nos remite a un pasado (1936) en el que algunos de sus problemas aún se hacen presentes como dilemas: la situación del artista, los prejuicios, la mujer frente a los mandatos familiares, las exigencias de una profesión y la vocación personal.[1]

La no linealidad del texto obliga al receptor permanente cambios de dirección en sus percepciones sobre lo público y lo privado, lo presente y lo pasado, lo vivido y lo deseado. Así como la escultora plasmaba en mármol sus intuiciones sobre la importancia de la libertad, el autor plasma en frases de estilo y sintaxis que acercan la prosa a la poesía, el precio que se debe pagar por la fidelidad a dicha creencia. La utilización de bellas metáforas como aquella que nos presenta un mar inagotable que pugna por salir convertido en lágrimas (cita aproximada) son transpuestas por la directora de modo que lo bello también adquiere funcionalidad escénica; y se sirve de las despojadas paredes del escenario del Teatro Payró para exponer los efectos del encierro y la soledad (el hecho de hallarse en un subsuelo es un plus).

La actriz María Marchi, en el papel de la protagonista, logra exteriorizar el remolino de pensamientos que dominan a Lola Mora en su vejez, ya con sus violentos desplazamientos, ya con un trágico hieratismo. Su cuerpo se convierte en un afinado instrumento que revela el debate entre la debilidad y la fortaleza y a la llamada locura como fuerza de la naturaleza y el arte como fuerza espiritual que da vida a quien puede crearlo a quien lo sabe gozar. Un perfecto manejo de su voz hace que sucesiva- y a veces simultáneamente- afloren emociones como el temor, la pena, el gozo, la desesperación resignificando y dando una nueva densidad así a las palabras del texto. Ya no existen palabras “comunes y corrientes”, y la ironía funciona como denuncia. La sucesión de nuevas esperanzas y nuevas amarguras se revelan en el paso de susurro a gritos, pero como decía el novelista sueco Henning Mankell, a veces los susurros son en realidad gritos.

La directora subraya aquellos elementos que le propone el dramaturgo con su elección del espacio (“escenografía que trae las paredes grises del encierro”), el sonido (“campo sonoro que nos guía por el constante devenir de la salteña intrépida”), la iluminación (diseño de Damián Monzón,  que facilita la decodificación  de los tiempos cronológico e interior), el vestuario  (diseño de  Susana Zilbervarg, “que trae el mármol espumoso de su arte”), las dos ubicaciones de la  pintura de las  Nereidas (Nicolás  Miranda) en el inicio al fondo, en el final al  frente identificando obra y artista;  y los desplazamientos –por momentos coreográficos- de los dos  actores Hugo Cosiansi y Junior Pisanú, quienes, como hábiles y dúctiles “partenaires” rodean a la protagonista y se convierten en potentes interlocutores.

En resumen, un espectáculo de calidad en el que dramaturgo, directora e intérpretes confluyen para recordar la importancia de la memoria, cómo el replegarse en la propia soledad, permite recuperar gestos, palabras, caricias, pero también cómo un puñado de recuerdos pueden trascender lo personal y proyectarse.

 



AÑO VI, n° 264

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[1] En las primeras décadas del siglo XX otras mujeres como Julieta Lanteri (1863-1932) y Cecilia Grierson (1859-1934) también tuvieron que luchar contra una sociedad que intentaba marginarlas. A esa generación de mujeres rebeldes y luchadoras que mostraron a sus contemporáneos bajo qué condiciones aceptaban vivir, perteneció Lola Mora.

Esta situación era semejante a la europea.  La escritora Almudena Grandes, sostiene que en  España  el  Estado y la  Iglesia  desataban sobre las mujeres una  “Represión íntima, invisible en apariencia, que las encarceló por dentro e intervino su vida privada, que coartó ferozmente su libertad para impedir que fueran felices mientras  trabajaban como mulas a cambio de salarios de hambre y si derechos de ninguna clase, que las indujo a avergonzarse de su propio cuerpo hasta el punto de convertir la manga corta en pecado” (LA MADRE DE  FRANKENSTEIN,  Bs. As.,  2020).

Ante esto es fácil entender el escándalo ante los desnudos realizados por la nuestra escultora.

viernes, 16 de diciembre de 2022

MILENA E IRENE PERIODISTAS, DRAMA, HISTORIA Y FICCIÓN SEGÚN ARZOUMANIAN Y CARACCIOLO.

 

 A comienzos del siglo XV Christina de Pizán advertía que la historia “sudaba testosterona” y recordaba la necesidad de construir además de una “history una herstory”[1].

El espectáculo que hoy nos ocupa nos sumerge en una apasionante “herstory”. Tal como lo señalan sus autores, “Milena Jesenská murió en 1944 en el campo de concentración Ravensbrück, en Alemania.  Tenía 48 y había estado en cautiverio durante cinco años. Irene Polo se suicidó en 1942 en Buenos Aires.  Tenía 32 años y nunca pudo regresar a Barcelona.” Y enhebran las biografías singulares con los elementos contextuales más significativos: “la segunda guerra mundial, la guerra civil española, el periodismo, el amor, el sacrificio, las cuestiones de género y el suicidio”

El diseño sonoro de Mariano Abrate, la iluminación de Marcelo Cuervo, el vestuario de  María  Beatriz  Troia y la escenografía de Marcelo Valiente se focalizan en mostrar las similitudes que unen a estas  contestarías mujeres, interpretadas por las  actrices  Gabriela  González López y Luciana  Procaccini. El encuentro de ambas heroínas es ficcional, nunca se conocieron. Irene se enfrenta a fascismo, Milena, al nazismo. Sin embargo, es el “espacio atemporal” en el que se desenvuelven el que les otorga una tragicidad esencial, al actualizarse nuestro presente y nuestra historia.

El texto abre una serie de interrogantes que exceden el tema central: las coincidencias de las dos periodistas que se rebelaron contra el contexto sociopolítico de su tiempo.  Si bien de modo inmediato parece posible encuadrar la ora en las categorías “encuentro ficcional” y “problema de género”, recurrentes en nuestros escenarios en los últimos años, Ana Arzoumanian (autora) y Román Caracciolo (autor y director) y proyectan interrogantes a otros campos. Uno de ellos, la función del periodismo, ¿informar?, comunicar? (el periodista no puede  usar “palabras viejas” frente a hechos que son nuevo” -afirma el personaje de Irene), ¿funcionar como agente del cambio histórico? (o, como afirmaba un autor, cuyo nombre, desafortunadamente, no recuerdo, como “el borrador de la historia”).

Estas preguntas conducen a otras igualmente vigentes: cuál es el rol de la literatura y el teatro a partir del valor de las palabras, la relación de las palabras con la guerra y la muerte, cuál es el destino de los niños en las guerras organizadas por los adultos[2],  los problemas a la hora de traducir (para  Milena traducir es “velar las palabras y darles sepultura”).

El espectáculo, de acuerdo con la propuesta del texto, se focaliza en mostrar los vínculos entre las dos protagonistas. Un espacio rectangular, en cada extremo un hemiciclo; en dos gradas enfrentadas, los espectadores que son interpelados por los personajes; el vestuario (diseño y colores) que hermanan a las actrices que los encarnan, los dos prólogos en los que sus interrogantes y sus “visiones” coinciden y se complementan. Esto se refuerza en cada una de las secuencias que se suceden: para ambas “lo que se puede mostrar no se puede decir” (Segunda secuencia), sus reflexiones sobre  la guerra y el destino de los niños en ella (Tercera y  Cuarta secuencias), la utilización de metáforas para hablar  de la posibilidad del amor en ese contexto (Quinta secuencia).

En el epílogo, la conexión entre ambos personajes se consolida: ambas quedan “secas” como la YERMA lorquiana. Irene ya no tiene más palabras; Milena, de escribir, lo haría para la infinitud. (Proyección hacia atrás, la memoria; proyección hacia el futuro, la utopía). Ernest Bloch sostenía que  “el hambre se convierte  en fuerza productiva, en un siempre renovado estallido del combate de un mundo imperfecto”; podemos metafóricamente trasladar esta idea  a MILENA E IRENE:  los estragos de la guerra funcionan como fuerza productiva, cohesionan, otorgan fortaleza  y paradojalmente “lo que salva mata”.[3]

 El espectáculo dirigido por Román Caracciolo disuelve las fronteras de categorías como “teatro político, “teatro histórico”, “teatro social”, “teatro poético”, las vuelve porosas y las integra en un acontecimiento que coloca al hecho escénico en un lugar privilegiado para gozar del “placer del texto”.

 

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AÑO VI, n° 263

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[1] Laura Ventura, “El clamor feminista cambia la literatura”, LA NACIÓN REVISTA, del 4 al 10 de marzo de 2018, pp. 9-12

[2] Arzoumanian, autora de LA GUERRA ES UN VERBO, hace suya una frase armenia: “La muerte inconsciente es muerte. La muerte consciente, inmortalidad”

[3] Reportaje de Ignacio Hutin a Ana Arzoumanian , “La guerra es un  gran elemento de cohesión, un dador de sentido; la locura es total porque lo que salva, mata” (Infobae  15/08/22).

martes, 13 de diciembre de 2022

NUEVAS PROPUESTAS EN LA INVESTIGACIÓN SOBRE LAS ARTES DEL ESPECTÁCULO.

 El año 2022 se cierra con interesantes propuestas en el campo de la investigación en el área que corresponde a las artes del espectáculo, en variado formato: publicaciones, encuentros internacionales muestras de obras. Entre las seleccionadas se encuentran las referidas al sonido, al estudio del ritmo, y a la danza.

1.

Acaba de aparecer en versión digital el libro TEATROFONÍA. VOL. 1, LO SONORO COMO ARTE Y DISEÑO, de Mirko Mescia, quien reconoce que las 238 páginas y 76 imágenes que lo componen es producto de la colaboración de museos, galerías, compañías de teatro y diseñadores de los cinco continentes.  El cuidado con el diseño de la tapa y contratapa -acertada la elección del editor Daniel Wolkowicz, de la fotógrafa Alejandra López y la diseñadora Rebeca Ricosta-  revela las relaciones no siempre simétricas entre sonar y escuchar: “Sonar implica escuchar, pero escuchar, como imagen, no implica siempre sonar”, sostiene el autor. Dedicado a Mariana Elizalde, quien en su oportunidad lo había impulsado a la publicación de PUNTOS DE OÍDO: Entrevistas y conversaciones sobre música y sonidos con directores del teatro argentino (Bs. As., Corregidor, 2014, prólogo de J. J. Lemetre y R. Rudnitzky), incluye palabras introductorias de Marcelo Moncarz, que contribuyen a enriquecer este volumen y descubre la habilidad de  Mirko Mescia para   formular “muy buenas y bellas preguntas”  que invitan a que  cada uno formule las propias .

El libro busca generar en los receptores tres efectos principales:  cambiar la manera de escuchar, cómo prepararse (o no) para trabajar por encargo, y cómo tapar “los agujeros visuales con sonidos”. La organización del libro como totalidad es absolutamente diáfana y el contenido de los capítulos es conciso y pertinente. Desde el mismo título propone al lector considerar al Arte y el Diseño (al igual que a la Forma y Estructura, y a la Fantasía y Creatividad) como “dos caras de una misma moneda (…) Interesantes por separado. Poderosas cooperando”.  Con gran lucidez logra demostrar que “el silencio no existe y que los oídos están siempre abiertos”.

Como músico y director de teatro formado en la composición y los efectos sonoros en las distintas artes escénicas, en sus cursos investiga cómo el uso, no uso o abuso de los sonoro influye en dichas artes; y en conversaciones con heterogéneos receptores plantea interrogantes como ¿Escucho o me escucho? ¿Es posible modificar la tendencia que tenemos de leernos en lugar de “leer”?

Esta publicación, en la que la palabra y la imagen, los sonidos y los silencios se retroalimentan, revela una investigación sistemática, destreza a la hora de argumentar, coherencia en sus reflexiones, pero también “humor”, producto de la mirada del autor sobre los seres humanos/artistas, sobre su propia autoridad como creador, y el carácter de su imaginación poética.

2.

Desde hace más de una década el maestro y compositor Aníbal Zorrilla se ha consagrado a la investigación sobre el ritmo, publicando  el resultado de las mismas en publicaciones nacionales e internacionales, especialmente en  Francia. En 2020 publicó ESTÉTICA Y POLÍTICA DEL RITMO obra en la que reunía los trabajos presentados en la I CONFERENCIA INTERNACIONAL EL RITMO EN EL ARTE. Allí quedó comprobado que “el ritmo es un elemento central en la creación de sentido en el arte, y su configuración es tal que requiere un abordaje multi, inter y transdisciplinario”

Actualmente integra con el equipo que dirige el Comité Organizador de la II CONFERENCIA INTERNACIONAL EL RITMO EN EL ARTE en un intento de dar continuidad y   consolidar lo que él considera un campo de estudios emergente. La investigación sobre un tema que ofrece complejas   aristas puntos de acercamiento: “La diferencia de materiales, procedimientos y acontecimientos enmascara la semejanza de fenómenos rítmicos que son similares en distintas artes y ocultan su identidad o su homología.” La importancia de este encuentro a realizarse en la sede central de la Alianza Francesa de Buenos Aires el 11 y 12 de mayo de 2023 radica, ante todo, por su carácter presencial que implica un activo y eficaz intercambio interpersonal y todas las ideas que dan expuesta a una fructífera discusión. De hecho participan treinta colegas de lugares tan distintos como Francia, Portugal, India, Hawai, Estados Unidos, Inglaterra, Chile y de diversas universidades de la Argentina.

El Comité Científico integrado por calificados investigadores de Universidades Nacionales (UBA, UNA, Universidad Nacional de Córdoba, Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires) y de la Universidad Nova de Lisboa garantizan el nivel de calidad de los trabajos. Quienes integran el Comité Organizador: Sylvia Edo, Belén Errendasoro, Salomé Lopes  Coehlo, Silvia  Pritz, María Concepción  Sudato, Susana Temperley y el citado  Aníbal  Zorrilla  proponen un amplio campo de análisis: ritmo y sentido, ritmo y lenguaje, ritmo y rítmica, ritmos y materialismo, ritmo y forma, ritmo y norma,  ritmo y sociedad,  ritmo e investigación basada en la práctica, ritmo y educación. Esto implica el desafío de instalar una agenda académica que incluya de modo permanente “múltiples configuraciones, entendimientos”, que trascienda, lo musical y artístico, y pueda enriquecerse con aquellas perspectivas científicas y filosóficas que surgieron a comienzos del siglo XX.


3.

Un Festival de Teatro, Música y Danza se suma a la celebración de los 30 años de la  Danza Integradora.

Con el apoyo de Iberescena entre el 25 de noviembre y el 4 de diciembre se está desarrollando de forma presencial y virtual en distintas sedes (Buenos Aires, Jalisco, México y Bogotá) el Festival internacional de Teatro y Tradiciones Nativo Americanas (FTTNA), en la que participan cuatro compañías internacionales invitadas y cinco compañías argentinas. Obras de teatro, montajes interdisciplinarios, espectáculos de narración, música y objetos, exposiciones de fotografía pintura y escultura integran este proyecto en el que las artes escénicas, las artes visual y músico-sonoras cuyo objetivo es- en palabras de sus organizadores “reforzar redes para ir desdibujando  barreras y así  contribuir al rescate, difusión y visibilización de parte del patrimonio  cultural intangible en  América Latina”,  lo que propicia “un reconocimiento de sí mismo a partir de la otredad y de la diversidad de la misma.

Un lugar especial lo ocupan espectáculos y debates sobre el tema de la negritud, que continúa siendo conflictivo en muchos lugares de América Latina, tanto en el campo socio-político como en el cultural y psicológico. NINI FARE AFRICA, RAÍZ DE ÉBANO Y MALAMBO, más allá de la calidad de sus coreografías y el talento de sus intérpretes ponen en evidencia que “no somos todos blancos” y no es posible seguir negando y/o silenciando la negritud. Los cuerpos de los intérpretes transmiten el mensaje identitario y revelan el cordón que fuertemente los conectan con sus orígenes africanos


La Asociación de Danza Integradora Argentina (ADIA) celebra con el Grupo Alma sus tres décadas de labor. El acto homenaje “Motorizando Utopias” y el espectáculo “El lugar donde Estamos”, respectivamente, muestran el camino a seguir en el que la teoría y la praxis, la pasión por arte y la responsabilidad de asumir compromiso conviven y se retroalimentan. Lo originariamente “utópico” se concreta en un tiempo y en un lugar en el espectáculo del Grupo Alma de Danza Integradora, primer grupo de danza inclusiva de argentina, formado por bailarines con y sin diversidad funcional fundado y dirigido por Susana González Gonzen 1997. A lo largo de   25 años este grupo de danza contemporánea pone en escena artistas en sillas de ruedas y otros sin limitaciones motrices. Logra así un doble efecto: por una parte, permite que unos superen y optimicen sus limitaciones, y por otra, desafía a creadores y receptores modifiquen sus percepciones originales sobre lo que implica ser un “cuerpo danzante”.


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AÑO VI, n° 262

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