lunes, 3 de septiembre de 2018

LA ESCENA POSDRAMÁTICA. Ensayos Sobre la autorreferencialidad, de Beatriz Trastoy


Publicado en nuestro país por la Editorial Libretto en marzo de 2018, el libro de Beatriz Trastoy aporta, a lo largo de 303 páginas, una nueva y completa mirada sobre las relaciones entre lo dramático y los posdramático en la escena contemporánea de la Argentina con especial referencia a lo realizado en Buenos Aires.

La estrategia de interpretar el teatro como fenómeno artístico y a la vez cultural le permite analizar el sistema de valores que nuestra sociedad ha manifestado a largo del siglo XX y el actual, y coloca su énfasis en las respuestas que la comunidad da a distintas manifestaciones artísticas y culturales. Esta postura la acerca a la tomada por Tzvetan Todorov quien considera que no se deben leer los textos como enunciados transparentes, sino tratar de tener en cuenta al mismo tiempo el acto y las circunstancias de su enunciación y que la recepción de los enunciados es más reveladora, para la historia de las ideologías, que su producción. Y como Todorov, Trastoy interpelará esos textos, los interpretara, pero también los dejara hablar (de ahí la importancia de las citas incluidas) y defenderse.

Su marco teórico la lleva a describir de modo pertinente las distintas formas de teatralidad que el extenso corpus elegido le ofrece, pero además reflexionar sobre diversos tópicos que sagazmente relaciona con el hecho escénico: lo nacional, lo popular y la globalización, los modos de producción, el papel de lo intercultural, el problema del género (la construcción de lo femenino y lo masculino) y de los géneros (vigencia, porosidad, caducidad, transformaciones), la historia, memoria y los recuerdos. Son precisamente sus “recuerdos recuperados” los que la motivan y orientan en su actividad como investigadora y crítica del teatro argentino contemporáneo, y en esta oportunidad, específicamente, las manifestaciones posdramáticas, “un teatro que parece pensarse y hablar solo de sí mismo” (p. 20). A lo largo de seis capítulos, va demostrar, empero, en qué consiste “ese viaje de ida y vuelta” (así lo define el título del primero de ellos), la equivalencia entre traducción, metáfora, teatro, crítica y muerte, en cuanto todos estos términos nos llevan de “un lado a otro”, nos conducen más allá (Capítulo 5, p. 210), cómo la “tendencia a la presentación hiperrealista de la vida tiene (…) un único e infranqueable límite: la muerte” (Capítulo 5, p. 164) y cómo la memoria “puede ser gesto inútil (…) si no interpretamos…” (Capítulo 6, p. 285). Precisamente en este último capítulo, retoma lo que conformó el núcleo de la obra y echa luz sobre las correlaciones establecidas en el primero.

Trastoy da en el blanco al reconocer y describir con precisión las relaciones que lo teatral tiene con otros campos como la comida (Capítulo 2) y el deporte (Capítulos 3 y 4), conectar lo individual, lo social y lo político, lo ético y lo estético, y al afrontar el desafío de repensar conceptos aún polémicos en la sociedad argentina actual como nacional, popular, identidad, obsceno y pornográfico. Su claro recorrido por diferentes décadas, le permite establecer nexos entre el pasado y el presente, y enriquece su análisis con fundamentadas opiniones personales.

 En el capítulo 3, “El corazón también es un músculo”, el exhaustivo y minucioso análisis de la obra de Muscari, Catch, ejemplifica un modelo de y análisis en el que no hay cabida ni para el impresionismo ni para el anecdotismo, modelo crítico sobre el que se extenderá en el capítulo 4, “Pienso, luego me emociono”. Encuentra que el desafío del actual discurso crítico es “asumir lo autobiográfico como instancia significativa” (p. 122) y ser capaz de “articular de manera enriquecedora todos los saberes teóricos con la emoción, la sensibilidad, lo subjetivo y lo autobiográfico” (p.128). Tanto el título del capítulo como el epígrafe de Balzac que lo encabeza (“El arte nace en el cerebro y no en el corazón”) da cuenta del orden de este proceso en el que la relación entre teoría y práctica es concebida como “una productiva ida y vuelta” (p. 161).

Sobre su libro Teatro autobiográfico. Los unipersonales de los 80 y 90 en la escena argentina (Bs. AS. Nueva Generación, 2002), al que considero en muchos aspectos antecedente necesario del actual, sostuve en su momento que se constituía como un texto necesario para los investigadores teatrales y de las ciencias sociales por su acertado manejo de fuentes documentales, los testimonios recogidos, las propuestas teóricas y metodológicas para restituir al texto teatral su densidad social. Hoy, La escena posdramática, como aquel, “modula armoniosamente un riguroso ejercicio crítico y de sistematización documental” (P. Zayas de Lima, Gestos 36, nov. 2003, p. 198),tal como lo ponen en evidencia las referencias bibliográficas (pp. 287.- 303), en las que conviven textos canónicos y contemporáneos de autores de diversas procedencias culturales, idiomáticas y disciplinarias lo que revela la coherencia entre sus hipótesis, objetivos y argumentaciones.

Los epígrafes que corresponden a los capítulos uno y cinco subrayan el eje del libro: respectivamente, el de Borges sobre nuestra memoria y el de Montaigne sobre la relación vida y muerte. Para la Dra. Trastoy, “En los rieles de los posdramático, lo autobiográfico es un viaje de ida y vuelta” (p. 13), por lo que considera “imprescindible reflexionar acerca de la necesidad y de la función crítica en torno de un teatro que parece pensarse y hablar solo de sí mismo” (p. 20). Su prolongada experiencia como docente le permite combinar discusión teórica, exposición histórica y ejercicio de la crítica de modo claro y sistemático, y su rol de espectadora de un número de puestas difícil de calcular revelan ese contacto íntimo, visceral al que ella alude en el primer capítulo. Pero también lo atractivo de este libro radica en que la autora no sólo plantea interrogantes claves, sino que propone estimulantes respuestas, en las que la seriedad de sus conclusiones no impide un sano y estimulante ejercicio del humor.
www.goenescena.blogspot.com.ar

 Año III, n° 142
 pzayaslima@gmail.com

lunes, 27 de agosto de 2018

EL VIENTO ESCRIBE, PRÓXIMO ESTRENO EN EL TEATRO PAYRÓ


El dramaturgo Enrique Papatino, así presenta su nueva obra, El viento escribe:
 
“El arte de la simulación puede consistir en crear un vacío par luego llenarlo. Pero tarde o temprano el simulador termina siendo quien vacía a los demás para completarse a sí mismo. Si, como en el caso mencionado, el simulador fuera un paria, su figura sería restringida a la de mero estafador. Si fuera un poderoso, quizá pudiera ser gobernante. En cambio el engañado sería siempre un idiota. No hay salvación para los ilusos. Queda por preguntarse qué tan idiotas pudimos ser frente a la historia contada en muchos ámbitos escolares y académicos, políticos y periodísticos, cuya voluntad interpretativa es más vigorosa y efectiva que cualquier simulación”.
 Para el director Enrique Dacal la obra “indaga en el tema de la búsqueda de la verdad…, o la construcción de la misma” y aparece habitada por personajes “que esgrimen la acerada espada de la verdad o la oxidada hojalata del artificio. Entre ambos, una víctima”.
 Ambas declaraciones introducen de manera apropiada un valioso texto que indaga sin concesiones en temas filosóficos, estéticos y morales de absoluta vigencia. A lo largo de las dieciséis secuencias, los diálogos entre el Heraldo y el profesor, el profesor y el director, el director y el heraldo y el director y el perito generan un contrapunto rítmico y de confrontación de ideas sobre las mentiras de la historia, la manipulación de los poderosos, la autenticidad de la fama atribuida por la posteridad, las ciencias y la filosofía, la ficción y la historia, la ciencia y el amor como pasiones excluyentes…
 El dramaturgo logra una perfecta imbricación de esta variedad de temas y descubre sus recíprocas implicancias soslayando así toda posible dispersión. Conocedor de universo científico y literario de Inglaterra y de Francia, selecciona las figuras de Newton y de Pascal para reflexionar los temas antes mencionados y generar preguntas inquietantes a los receptores actuales sobre quiénes deben atribuirse la paternidad de los descubrimientos sobre las diferencias (o no) entre lo verdadero y lo falso, y sobre la confusión entre lo verdadero y lo verosímil.
 Son especialmente estimulantes las secuencias catorce y dieciséis en las que, respectivamente se ofrece una peculiar mirada sobre la mímesis (el verdadero imitador no copiaría la experiencia humana, sino que la estaría creando) que puede, sin duda ser aplicada al trabajo del actor, y a través del camino de la autorreferencialidad se describe y define el proceso de escritura.
 Su texto teatral se ilumina a partir de la lectura de su ensayo Elogio de la incertidumbre en el que se interroga acerca de las motivaciones que llevan a un espectador a asistir al teatro, indaga en el pensamiento de Heisenberg, Ise, Eco, Pareyson, y Austen y Searle, reflexiona el sentido de la obra como autobiografía (la vida del autor es “quien da cuerpo, forma y contenido a la obra”), justifica la elección de las palabras no por su semántica sino por el efecto que puedan provocar en el otro, y desmonta la relación entre la verdad y ocultamiento. De allí el valor de la cita de Dacal incluida al comienzo; de allí la importancia de Dacal como director de la obra, campo en el que se revelado siempre como sagaz selector de textos que trascienden lo local y lo circunstancial, aunque sí lo implican, y eficaz organizador de elencos y equipos técnicos. Su íntimo conocimiento de los textos ficcionales y teóricos de Papatino, la coincidencia en la importancia dada por ambos a la generación de imágenes que activen la percepción de los espectadores aseguran la presentación de un espectáculo que completará y potenciará la riqueza de los diálogos.
 En El viento escribe lo universal involucra a lo regional, lo europeo a lo americano, el pasado al presente. A partir del desenlace de la obra queda latente un desafío para el lector y el espectador: quién en la Argentina o en Latinoamérica son Newton y Pascal, o más aún quiénes cumplen el rol del profesor, del director, del heraldo o del perito, quiénes apuestan por el cambio o mantener el status quo, quienes son capaces de buscar la verdad a pesar de las consecuencias.
 
Año III, n° 141

lunes, 20 de agosto de 2018

ARTE Y TECNOLOGÍA EN LA ESCENA ARGENTINA CONTEMPORÁNEA

El año 2018 está marcando un hito importante dentro de la temporada teatral porteña en lo que se refiere a la producción que incorpora las nuevas tecnologías y experimenta con los códigos que provienen de diversas artes. Este hecho se caracteriza por provenir de creadores tanto del campo de la música, como el de la danza, el teatro y las artes visuales y abarcar tanto la realización de espectáculos como a instancias anteriores: residencias, cursos, talleres, entrenamiento…

El taller organizado y dirigido por Marina Sarmiento[1], Recuerdo de sí busca un “lenguaje crítico, autónomo y reflexivo en torno al cuerpo, la memoria y el tiempo”, tal como lo señala en sus trabajos teóricos productos de la escritura de sus procesos creativos. El cruce de lo visual, la danza, el teatro, el sonido y la performance que propone es producto de sus exploraciones personales y de su colaboración con artistas e investigadores de diversas disciplinas de la Argentina, Brasil y Japón. Con este taller, en particular- dirigido a quienes están interesados en el movimiento -independientemente de la disciplina de la que provenga-, propone estimular los sentidos en su complejidad con el fin de recuperar la percepción como experiencia singular que contribuya a arribar a planos físicos amplificados y transformadores del cuerpo, los otros y el entorno”. Su base técnica: la anatomía para el movimiento, el yoga, la tensegridad, la danza contemporánea y pautas de investigación.

Otro ámbito para la investigación, experimentación y creación en torno a las artes escénicas mediadas por las tecnologías multimediales interactivas es la Residencia organizada por el Centro de Arte Sonoro (C.A.So), CNB Contemporánea y el Equipo de investigación en Tecnología Aplicada a la Danza, In TAD [2] dirigida a practicantes de las artes del movimiento y escénicas, artes visuales, artistas multimediales, músicos y técnicos relacionados con el arte escénico y tecnológico. El objetivo final de esta Residencia es que los participantes puedan elaborar proyectos artísticos escénicos (work-in-progress) a partir del empleo de la tecnología digital interactiva que con el entorno de programación visual Isadora permite el procesamiento de la imagen y el sonido en tiempo real; se busca crear, así, una alianza creativa entre el performer y el uso de la tecnología para realizar una escena/instalación performática/puesta visual.

En este mismo año InTAD organizó en Centro Cultural MATTA, Embajada de Chile en la Argentina, la muestra de nueve instalaciones performáticas de danza contemporánea titulada “Desbordes, Cuerpos, Interacciones 2, experiencia que mostró el cruce entre el sonido, el movimiento y la tecnología digital interactiva como cierre del Laboratorio de Tecnología Interactiva para la Danza y la Performance basado en el software ISADORA. Los títulos y nombres de sus creadores revelan el tipo de trabajo interdisciplinario atravesado[3].

Para comprender el alcance de estas propuestas tenemos que retroceder unos años y revisar los trabajos de quienes de manera anticipatoria y desde sus propios campos artísticos sentaron precedentes. Me refiero específicamente a Margarita Bali (pionera de la video danza y la video instalación, quien retoma y perfecciona propuestas generadas en los ´60 en el Instituto Di Tella), cuyo espectáculo, El hombre rebobinado[4], constituye un antecedente insoslayable, por su originalidad (Néstor Tirri se interrogaba sobre si se trataba de danza, cine o teatro negro) y un desafío para el universo receptivo de los espectadores. Esta obra se proponía como video instalación con mapping a 8 proyectores sobre elementos corpóreos escenográficos reales. Participaba como protagonista Sandro Nunziata, uno de los mejores performers de la Argentina, y contaba la música original octofónica de Gabriel Gendin y textos de los intérpretes.

Si debo hacer una selección de artistas que operan en este campo interdisciplinario elijo los nombres el músico Aníbal Zorrilla, las bailarinas y coreógrafas, Adriana Barenstein y Susana Szperling, y artista plástica investigadora y docente Graciela Marotta quienes coinciden, a pesar de las diferencias estéticas de sus producciones, en una permanente integración de teoría y práctica y cuyas propuestas convocan y reúnen a artistas de los más variados campos artísticos, tal como lo he mostrado en anteriores entregas del blog.




Notas

[1] Directora, coreógrafa, bailarina, docente, productora y Lic. en trabajo social (UNC), con un posgrado en Especialización en Danza, Análisis de la Producción Coreográfica (Facultad de Bellas Artes, UNLP).

[2] La Residencia está coordinada por el Equipo de Investigación en Tecnología Aplicada a la Danza, InTAD, integrado por Docentes Investigadores del Departamento de Artes del Movimiento, de Artes Dramáticas y de Artes Multimediales de la Universidad Nacional de las Artes.

[3] Cielo Expandido de Daniela Lieban; Estancias fragmentadas, Creación colectiva dirigida por Grisel Barraco; Limbo, del Grupo TATÚ; El Doble Digital de Andrea Laino y Sergio Sachetti; My-Selfie de Jennifer Toledo; La Casa, Compañia Cuerpoequipaje. Coreografía, dramaturgia y direcciónd Tatiana Sandoval; Hojarasca. Idea y espacio: Tatiana Sandoval, Videoinstalación: Ignacio Castro Stolkiner; Romina Laino, Tatiana Sandoval. Textos: Olga Orozco. Eco (performer y voz): Carolina Fernández. Sombra (performer y movimiento): Romina Laino. Diseño Sonoro: Ignacio Castro Stolkiner, Visuales: Ignacio Castro Stolkiner, Romina Laino, Tatiana Sandoval. Multimedia: Ignacio Castro Stolkiner. Coreografía: Romina Laino, Tatiana Sandoval. Asistente: Francisco Barceló. Dirección: Tatiana Sandoval; y dos instalaciones interactivas audiovisuales: El Aleteo de la Mariposa de Gabriela Baldoni, y Gestos, de Aníbal Zorrilla.

[4] En el 2010 participó del Festival de Danza Contemporánea de Buenos Aires y del Festival Internacional de Videodanza; en el 2011 formó parte de la programación del Festival internacional de Buenos Aires.



Año III, n° 140

pzayaslima@gmail.com







.

.












lunes, 13 de agosto de 2018

EL TEATRO SE CONVIERTE EN UN TRIBUNAL DE MUJERES.


   La pieza teatral Tribunal de mujeres (Minyan Nashim) de Naomi Ragen con traducción, adaptación y puesta ha subido a escena en El Tinglado Teatro y se convierte en uno de los más potentes alegatos feministas. Se suma así a desde el campo del arte a la labor desarrollada por los Tribunales Mundiales de Mujeres, “eventos públicos de carácter simbólico y educativo, en los que participa la sociedad civil, con el fin de hacer visibles las distintas violencias contra mujeres y demandar la impunidad de las mismas(…)”, visibilizando “tanto las violencias o sufrimientos experimentados como la impunidad y la falta de justicia” (https://es.wikipedia.org/wiki/Tribunales_mundiales_de_mujeres).

Su formación tanto en la Universidad de Nueva York como en la Universidad Hebrea de Jerusalén le permite a la autora conocer en profundidad los problemas dentro del seno de la comunidad judía tanto en los Estados Unidos como en Israel, lo que se traduce de modo contundente tanto en su obra narrativa (por ejemplo The Sisters Weiss), en su columna sobre temas judíos especialmente relacionados con Israel, como en la obra de teatro que nos ocupa.

 En este último caso, la temática femenina con clara referencias a los sacrificios, las represiones, los espacios a los que la mujer ha sido encadenada, la sumisión y las limitaciones a que están obligadas por los rabinos y las leyes recogidas en la Toráh, se focaliza en un barrio de judíos ultra ortodoxos a partir del regreso de una esposa que había hecho abandono del hogar para reencontrarse con sus hijos. Sin embargo, el interés que esta historia inspirada en un hecho real puede despertar en nuestro país se genera a partir de una serie de problemas que trascienden una religión, una cultura, o una ciudad determinadas.

 La reunión de diez hombres aptos para la lectura de la Toráh (Minyan) es reemplazado por este grupo de diez mujeres que después de realizar un juramento sagrado puede convertirse en un tribunal que juzga. Si bien no logra revertir el castigo impuesto desde el campo religioso permite que las diferentes mujeres puedan decir en voz alta lo que creen o sienten, se sientan -al menos momentáneamente- libres; puedan confrontar pero finalmente reconocerse una en la otra, rebelarse contra un poder patriarcal hasta entonces inconmovibles, y revelarse (descubrir lo velado, lo que estaba oculto pero latente).

 El espectáculo también impone la necesidad de reflexionar sobre la compatibilidad o incompatibilidad entre las leyes civiles y las leyes religiosas a la hora de decidir hasta qué punto estas ponen en peligro la dignidad de la persona o la libertad de elegir. Una de las frases que se repiten alude a la actividad de pensar y opinar como propia de todos los seres humanos y de la que las mujeres no pueden quedar excluidas. No bastan las labores domésticas y cumplir con la procreación; es necesario abandonar una aparente y precaria zona de confort o seguridad: así como la bíblica Ester puso en peligro su vida para impedir un genocidio, Hanna arriesga su integridad para luchar por lo que es justo y derribar un muro edificado sobre mentiras y amenazas y obtener lo que le corresponde: ver a sus hijos.

Cada uno de los diez personajes femeninos revela distintas facetas de los efectos generados por la represión: mientras las mujeres callan o susurran en el interior de sus casas; los hombres son los dueños del discurso público tal como lo revelan las voces en off. Cobran sentido las palabras de Rosa Montero que aparecen citadas en el programa: “Porque hay una historia que no está en la Historia y que sólo se puede rescatar escuchando el susurro de las mujeres”

El espectáculo se convierte así en un nuevo espacio “de reparación simbólica”. Y de la posibilidad de varios finales, esta vez a cargo de los receptores: una madre que aún no puede recuperar a sus hijos, una mujer que logra rescatar a una hija, el poder de la palabra como arma liberadora, la conquista de la verdad a partir de la superación del miedo, la decisión de la mujer para dejar de ser víctima; la posibilidad de pensar, de razonar, pueden ir seguidos de cambios en el mundo externo: las mujeres pueden y deben (como los hombres) tomar decisiones y actuar de acuerdo con los principios de justicia y rectitud por ellas y ellos aceptadas (Howard C. Warren).

 Tribunal de Mujeres: teatro polémico, teatro de denuncia, teatro testimonial, generador de un nuevo tipo de catarsis.


 www.goenescena.blogspot.com.ar

 Año III, n° 140

pzayaslima@gmail.com

lunes, 6 de agosto de 2018

NO ES AMOR ES DESEO (Una historia en tres episodios)


Dos autoras presentan una historia en tres episodios, a cargo de tres directoras, respectivamente, cada una de las cuales coordina la actuación de tres artistas a lo largo de tres horas de representación. Más allá de lo que implica una trilogía o el juego simbólico que suponen los triángulos amorosos, lo interesante de esta propuesta es el modo en que Sandra Franzen, Herminia Jensezian y María Laura Laspiur organizan tres textos diferentes y logran equilibrar las diferencias que ofrecen los textos como los actores y actrices que intervienen, dentro de un universo homogéneo gracias al empleo de un equipo artístico y de producción único tal como lo evidencia la ficha técnica.

 Si bien el número tres supone una resolución del conflicto planteado por el dualismo (Papus), los textos en cuestión muestran que no siempre implica “la resultante armónica de la acción de la unidad sobre el dos” como lo afirma Ely Star. Las autoras, Patricia Suárez y Sandra Franzen, exploran desde la perspectiva del universo femenino la fuerza del deseo como generadora de conflictos que no sólo rompe el precario equilibro de tres parejas sino que desemboca, en estos tres episodios, en tres asesinatos: en el primero, ubicado en el ámbito rural, el arma es el cuchillo; en el segundo, situado en París, el veneno (armas que se asocian , respectivamente al universo masculino y al femenino); en el tercer, en una Buenos Aires urbana, un arma de fuego, que se corresponde con el conflicto presentado y las características de sus personajes. Las tres etapas de esta historia presentan otro hilo unificador que se desprende de un contexto socio-histórico claramente delimitado (los sucesos se desarrollan entre 1925 y 1955) y que trasciende el conflicto sentimental. Es la explotación que el poderoso puede ejercer sobre el que de él depende, se trate de un peón rural (El corazón del Incauto), una criada/dama de compañía (El despertar de la ingenua), una costurera (la tentación de Marta Ortiz). En las tres, la esterilidad marca a las mujeres, y en las tres, la presencia explícita o latente de lo religioso, especialmente en el primer episodio en el que la superstición aparece estrechamente ligada. Ya Georges Bataille asociaba la estrecha relación entre erotismo y religión porque ambos requieren “una experiencia personal, idéntica y contradictoria, de la prohibición y de la transgresión”. 

Un signo unificador fundamental que hace tanto al texto como a la puesta es el vestuario, porque en lo que revela son identidades, conductas disfrazadas por otros vestidos anteriores. El travestismo (I Episodio), la homosexualidad; el vestido seductor (II Episodio), el poder del erotismo; el vestido de fiesta de la madre y el vestido de novia (III Episodio) la transformación que genera el dinero o su falta.

Autoras y directoras logran que la hora que dura el episodio cierre una historia, pero al mismo tiempo permanezcan indicios (verbales y no verbales) que interconectan esos episodios, especialmente, el segundo y el tercero, y el tercero con el primero. Creo que nos se trata sólo de “la historia de tres mujeres que, atravesadas por el deseo, se enfrentan a los mandatos” como señala la Sinopsis en el programa de mano: todos los personajes están atravesados por el deseo: la posesión del otro o la posesión de lo que el otro tiene: es decir, que más allá de una perspectiva de género, la propuesta revela cómo el deseo de poseer opera como elemento central en la composición de nuestras vidas. Y el erotismo –apropiándome de las palabras de Bataille como “el desequilibrio dentro del cual el ser se cuestiona a sí mismo, conscientemente”. ¿Hasta qué punto Baudelaire acertaba al afirmar “…la voluptuosidad única y suprema del amor radica en la certeza de hacer el mal”?


Episodio 1: El corazón del Incauto

 María: Anahí Gadda
Honorio: Nicolás Barsoff
Justo: Diego Cassere

Dirección: Sandra Franzen

 Episodio 2: El Despertar de la Ingenua

 Odila: Victoria Reyes Benz
Marta: Renata Marrone
Juan Ortiz: Daniel Dibiase

 Dirección: Herminia Jensezian

 Episodio 3: La Tentación de Marta Ortiz

María: Mónica Felippa
Nino: Mathias Carnaghi
Marta Ortiz: Laura Castillo

Dirección: María Laura Laspiur

 FICHA TÉCNICA.

Diseño de Escenografía: Tadrón Teatro
Asesoramiento escenográfico: Alejandro Mateo
Diseño de Vestuario: Alejandro Mateo
Diseño de Iluminación: Herminia Jensezian
Composición Musical y Sonoridad: Florencia Albarracín
Voces Propaladora: Irene Almus y Rafael Bruza
Diseño Gráfico y Fotografías: Edgardo Kevorkian
Coordinación de Visión Artística: Charly Arzulian
Prensa: Daniel Franco para Simkin & Franco
Producción Ejecutiva: Miguel Angel Ludueña
Producción General: Tadrón Teatro

 
www.goenescena.blogspot.com.ar
Año III, n° 139
pzayaslima@gmail.com

lunes, 30 de julio de 2018

EN LA SOMBRA DE LA CÚPULA: PLACER Y REFLEXIÓN EN UN ESPECTÁCULO TEATRAL.


Varios adjetivos fueron aplicados por la crítica a lo largo de las dos temporadas cumplidas y la tercera sobre este inusual propuesta que se encuentra en curso: joya, excelente, mágico, original, imperdible…

Coincido. Pero desearía precisar lo que justifica tales calificativos, ya que estos términos realidad describen sobre todo un mundo subjetivo, y como afirma Todorov “esas cualidades dependen del punto de vista en el que uno se coloque”.

Por una parte, los espectáculos que proponen una recorrida por distintos espacios se han hecho habituales en la escena porteña; por otra, las versiones y transposiciones de casi todas las obras de Arlt ocupan año a tras año las carteleras. ¿Por qué En la sombra de la cúpula, dirigida por Agustín León Pruzzo, captura y subyuga a los espectadores por más de dos horas?

Varias son las razones. El modo peculiar en que se relacionan espacio y tiempo reales, y espacio y tiempo ficcionales; la distribución y cruce de discursos narrativos y teatrales, una combinación exacta de lo informativo, lo expresivo y lo apelativo, un trabajo dramatúrgico que revela las distintas aristas de Arlt, un perfecto dominio de los códigos de los distintos códigos sobre los que transitan los actores, un ejemplar modo de presentar el melodrama.

El cruce entre realidad y ficción se verifica en el mismo momento de la llegada al lugar: el ingreso al edificio histórico (Edificio Bencich donde está la Cúpula) tiene un horario de llegada estricto, entre las 18 y las 18.30 y los pocos espectadores – 34 es el número máximo- son recibidos por dos personajes ficcionales (un maestro de ceremonias y su ayudante) y un empleado de seguridad del edificio (no ficcional); el pasado y el presente se fusionan: en un espacio de principio de siglo XX, esos personajes de ficción anotan los documentos de identidad de cada uno de los asistentes en dispositivos electrónicos del siglo XXI, condición exigida para el ingreso. Como un grupo de elegidos el público es guiado hasta la terraza donde Fermín Varangot encarna a Roberto Arlt, relata episodios de su vida personal y profesional, pero también como un guía prodigioso nos sumerge en una época ya pasada que se ilumina desde la perspectiva de la historia, la geografía, la literatura, y la política. El actor no sólo lo encarna en el más auténtico sentido de la palabra, sino que establece una relación personal, intelectual y emotiva a la vez con los espectadores, a través de una rica gama de tonos (de lo confesional a lo fuertemente apelativo) y de sus desplazamientos y juegos proxémicos.

Resucitan personajes emblemáticos y antiguos fantasmas que quedan flotando mientras en la cúpula se pueden contemplar desde los ventanales otras cúpulas de un Buenos Aires, evocado, en esta oportunidad por la música (tangos ejecutados por Santiago Orquera). El recorrido continúa hacia arriba, donde en pequeñas salas se representará una versión libre de Trescientos Millones, precedida por una secuencia impregnada de metateatralidad. En esta instancia que aúna autorreferencialidad y ficción, el oficio ductilidad y el talento de los actores Florencia Miller, Fermin Varangot (esta vez como personajes folletinesco), Santiago Orquera, Ana Bowers, Antonella Sturla y Leandro Ávalos conjugan lo estético, lo teatral, el humor y la confluencia de lenguajes (lo visual, lo sonoro, lo verbal, la danza). En esta versión libre se privilegia la presencia del mundo onírico del personaje, la puesta en escena de sus sueños y anhelos frente a al dolor de generado por la injusticia y el abuso muy presentes en los textos arltianos, aspecto que sólo aparece dramatizado en un breve diálogo ante los espectadores a través de las sombras de la sirvienta y la señora proyectadas en las transparencias de un telón. El dolor resulta neutralizado ante la presencia de Rocambole. Folletín y poesía. Imaginación restauradora.

Como afirma Roberto Arlt, “Para muchos hombres cortos de imaginación, únicamente pueden existir conflictos teatrales entre cuerpos de carne y hueso… ¡qué ciegos! Todavía no han comprendido que el hombre de carne y hueso es sobre la tierra un fantasma tan vano como la sombra que se mueve en la pared”

No sorprenden, entonces, las palabras finales del personaje evocado sobre el teatro, los hombres, las sombras y los sueños, que estrechamente lo conectan con el universo shakespereano, y que se corresponden con el comentario del director Agustín León Pruzzo:
“Poder homenajear al inmenso Roberto Arlt frente a su casa natal. Poder poblar de artistas una majestuosa cúpula histórica. Poder recordar, y sobre todo celebrar en lo alto del centro financiero de la ciudad: el arte, lo bello, lo humano…Tal vez ese sea el sueño”.

El círculo se cierra. Los espectadores son despedidos arriba por los maestros de ceremonia. Abajo, el empleado de seguridad les abre la puerta de salida y la vuelve a cerrar con llave. Atrás y arriba permanece lo soñado/vivido, lo escrito/representado, lo deseado/temido dos caras de la misma moneda como lo anticipaban los actores; tal vez también todo ello permanezca en el interior de quienes allí estuvieron.

 Notas:

 -Todas las citas corresponden al programa de mano.
- Imágenes de este espectáculo pueden apreciarse en varios sitios de Internet.

  
www.goenescena.blogspot.com.ar

 Año III, n° 138

pzayaslima@gmail com.

lunes, 23 de julio de 2018

FALSA ESCUADRA, DE LUIS SÁEZ, SE ESTRENA EN EL TEATRO DEL PUEBLO.


La posibilidad de contar con el texto de Luis Sáez, motiva estas líneas sobre una obra, que si bien continúa la línea que este dramaturgo propusiera exitosamente con Camellos (1° Pr. Concurso Osvaldo Soriano 1999; estrenada en 2000), Monos con Navaja (Mención Especial Concurso Atahualpa del Cioppo, Teatro el Galpón de Montevideo 2000, estrenada en 2001) y Gato en tu balcón ofrece algunas aristas que ameritan una lectura al margen de su estreno el jueves 19 de julio en el Teatro del Pueblo, bajo la dirección de Enrique Dacal.

Los dos personajes de  Falsa  Escuadra, Sonia y Waldo, no sólo revelan a través del diálogo las fisuras de un matrimonio, sino las que dificultan una auténtica comunicación con el cuerpo social, y además esto opera como signo de oposiciones radicales en tres campos gnoseológico, axiológico, y emocional. Deudor, en algunos aspectos, del teatro de Roberto Cossa y Mauricio Kartún y de la narrativa de Eduardo Soriano (Saéz realizó una excelente transposición de Triste, Solitario y Final, conocida con el título Stan y Ollie navegan hacia el olvido, en 2001), este dramaturgo propone una creación original que potencia los elementos del realismo, del denominado neo-grotesco, de un teatro histórico y de un teatro político integrándolo en un nuevo nivel en el que la teatralidad opera como eje vertebrador.

Prueba de ello es la importancia que tienen en el adentro los objetos cuyo valor simbólico subraya sentidos y (contra)sentidos de los diálogos, y la función organizadora de la acción que los sonidos del afuera que invaden ese interior.

Un televisor que emite imágenes pero no sonidos, define el pensamiento del personaje masculino. “La imagen vale más que mil palabras” se convierte en una cita coagulada ya que las imágenes, por sí mismas, aisladas de un contexto suelen estar impregnadas de ambigüedad. Para Waldo, lo que no aparece en el noticiero no tiene entidad real: la imagen mostrada aislada de todo contexto lo aisla de lo que sucede a su alrededor, por eso puede comer tranquilamente, por ejemplo, mientras contempla la eliminación sistemática de personas (tal como lo señala Sonia)

El segundo objeto con un fuerte valor simbólico es la caja que un vecino les pidió guardar, caja que asemeja a un féretro y le genera pesadillas a Waldo (¿contendrá armas, libros, papeles, huesos?)

Los sonidos del exterior enmarcan las diferentes secuencias: la primera campanada se relaciona con la revelación de Sonia de la desaparición del kiosquero y otras anteriores; las sirenas policiales instalan el miedo: Sonia y Waldo Se miran. Se arrojan al piso, reptan, como buscando refugio. Silencio. Waldo se para y asoma a la ventana. Pero no comenta lo sucedido, sino que reflexiona sobre una posible lluvia (acotación). Como muchos otros que escucharon, ellos callan. Y son capaces de festejar la comicidad de Olmedo y Pepe Biondi. Las llamadas telefónicas de Celia avisan procedimientos en los que se llevan gente; el llanto de un bebé carece de entidad porque no lo mencionan los informativos. Frente a un aullido como de lobo, gritos humanos desgarradores (acotación), se refuerza el refugio en la sordera y el jamás recordar.

La violencia del afuera tiene su correlato en el adentro: el no respeto a las normas de urbanidad, la indiferencia por el otros, la insensibilidad frente al otro, el menosprecio por el otro al que se percibe distinto, el olvidar todo, los conflictos sexuales latentes y las relaciones familiares deterioradas, los diálogos imposibles como comunicación, sí como un duelo de ironías y sarcasmos; el perro Sultan, educado para despedazar y matar.

Claramente la obra nos remite a un momento de nuestra historia: los secuestrados, torturados y desaparecidos, los bebés separados de sus madres, la complicidad de un sector importante de nuestra sociedad. Pero también introduce otros temas sobre los cuales reflexionar y que atañen al presente. Parafraseando a Tzvetan Todorov, Saez se acerca más al moralista que al historiador: el presente le importa más que el pasado. Y como al primero, le interesa revelar el problema del otro aún no resuelto en nuestro país: cómo vemos a esos otros, como abstracciones o como un grupo social concreto al que nosotros no pertenecemos
[1] (la parejita de la casa toma son “los patasucias”), como del prejuicio se pasa a distintos grados de violencia.

En varias de sus obras aparecen como título o personajes citado animales (camellos, monos, gatos o perros nunca animales fabulosos), animales que pueden ser domesticados, pero que siempre expresan la jerarquía de los instintos; la relación entre bestias y seres humanos no es gratuita, pero no se trata de equivalencias implícitas o de oposiciones, sino de implicancias simbólicas. En esta obra, sin posibilidad de conexión con lo divino, el hombre se consagra a alimentar lo primitivo, lo atávico. Todas las operaciones que constituyen el universo mental de Walter están marcadas por la crueldad, los apetitos más bajos, la intemperancia, el mal; pero su crueldad no tiene nada de animal, es perfectamente humana. 

Otros dos temas conectados con problemas filosóficos son planteados: la posible oposición entre la razón y la sin razón y el papel de la duda, y la relación entre lo vivido y lo soñado que puede conducir a espejismos, ilusiones que colocan al hombre en una “falsa escuadra”. Sonia, a diferencia de Walter, consciente de esa situación es capaz de reaccionar y modificar comportamientos. No ocultar más, no callar, no olvidar.

Sáez sostiene que le interesa la cultura como vehículo de comunicación y autoconocimiento. Creo que podemos leer sus textos como “enunciados transparentes” no porque sean realistas, sino porque revelan la ideología vigente de una sociedad cuyos integrantes aceptan que lo propuesto por el texto es verdadero o, al menos, verosímil. Walter y Sonia pueden existir y aún continuar alimentando a Sultán, y esto es posible en una sociedad que continúa viciada, degradada. Pero, al menos, Falsa Escuadra, pone en evidencia una afirmación que el citado Todorov realizara en 1982 -fecha de la publicación en francés del libro al que hacemos referencia y que coincide (sin relación de causalidad) con el proceso de la restauración de la democracia en nuestro país-:


 “La ignorancia sólo provisionalmente es una excusa: después se vuelve culpable”





www.goenescena.blogspot.com.ar



Año III, n° 137



pzayaslima@gmail.com

 




[1] Tzvetan Todorov, La conquista de América. El problema del otro, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2014.